Diario de León

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Aunque nos cueste, hoy no vamos a hablar de lo que ha costado en euros –más que el presupuesto general anual de la concejalía de Cultura él solito–, que es cosa que la oposición debe de ver bien porque no ha abierto el pico. Nos referimos al león con la cola enhiesta que se ha instalado como atracción infantil en la explanada de los Pendones Leoneses. Una mastodóntica figura quién sabe si en homenaje a la Peña Los Pedrines y al cántico con que antaño jaleaban a la Cultural: «Alza el rabo, León». Si se pretendía un mensaje de cierta reivindicación política en su diseño, desde luego queda ofuscado por la «discreción» de su tamaño.

Y es que ese león con el rabo alzado sería excesivo hasta en una rotonda, que son los espacios dedicados al arte que consienten las mayores aberraciones y desechos de tienta de los talleres de los escultores. Enorme incluso para estar junto al puente de una autopista, en el caso de que fuera una estatua o instalación. Muestra de mal gusto no vamos a decir que es, que para gustos se hicieron los colores, pero uno no imagina a las almas sensibles peregrinando hasta él aunque fuera para hacerse un selfi. Lo veo más como otra pieza de la galería de enormidades leonesas que mostrar a las visitas, junto al pedrolo de Arroyo y la rotonda inclinada de los hospitales, para que se vayan atónitas de una ciudad que no sólo es patrimonio, bares y calles peatonales. No me extrañaría nada que pronto empezáramos a competir con los vascos en chistes de exagerados.

Parafraseando uno de los disparates de Ramón Gómez de la Serna, podría decirse, sobre este magnífico león que se presenta como atracción infantil, que cabe la ciudad en el león y no el león en la ciudad. Tal es su magnitud y solemnidad que solo se puede imaginar este encargo surgiendo de un espíritu megalómano, o al menos de una mentalidad de nuevo rico, ya saben, «ponga mármol, que hay dinero». Nos podemos aliviar un poco pensando que al menos no hay que alimentar a este animal mayor que los dragones de Juego de Tronos. Lo cual no quita que haya una pregunta que nos repica en la conciencia: este elefantiásico juguete, ¿es proyección de una personalidad o producto de una sensibilidad? Me parece una cuestión importante.

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