Diario de León

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Al otoño lo ha comido el lobo. La inmesericordia del estío, sin apenas lluvias ni aguecerines con los que atenuar la retestera, ha dejado los campos tendidos al sol sin abrigo. La receta del calor sin agua entrega a octubre unas camperas con poco más de tres dedos de hierba por encima del nivel que les marcó el filo de la segadora en junio, sin brañas, ni eras, ni sestiles en las que acomodar al ganado para que el invierno no se adelante a comer de la tenada que cebó el verano al entrar. No hay apenas otoñada que pacer. Menos aun donde todavía se tizna el paisaje con el hollín de los fuegos, ahora que la Junta decreta el paso a «riesgo medio» a partir de este día del Pilar que en mi pueblo, Boñar, llena las calles de ecos de feria antigua. La declaración «permite tener los medios suficientes para acometer cualquier eventualidad que se produzca», como explican desde la administración autonómica, a la vez que publicitan la preparación de un operativo de incendios que abarcará todo el año, la «creación del cuerpo de Agentes Medioambientales del Grupo B; el reconocimiento de la calificación de Bombero Forestal; la consolidación del carácter público de dicho dispositivo, y las mejoras en la carrera profesional y la formación de estos empleados públicos». Ahora: arrasadas más de 130.000 hectáreas, desalojados 150 pueblos y sus 10.000 vecinos, enterradas tres víctimas este verano. Ahora: a cinco meses de las elecciones autonómicas.

Ahora, estos «avances históricos», como adornan en la propaganda institucional de la Junta, se leen como una enmienda a la totalidad de las políticas de los sucesivos gobiernos autonómicos. La «propuesta integral para transformar de forma estructural el dispositivo de incendios» pone en evidencia su empecinamiento frente a las reclamaciones repetidas durante años por los trabajadores y expertos. El «paquete de medidas» actualiza la arrogante sentencia con la que el consejero leonés Juan Carlos Suárez Quiñones, en febrero de 2018, en una entrevista de Felipe Ramos en El Mundo de Castilla y León, sostenía que «mantener el mismo operativo de incendios todo el año es absurdo y un despilfarro; sería tirar el dinero público». No interesaba entonces, pese a que se veía venir que nos íbamos a meter en la boca del lobo.

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