CUERPO A TIERRA
Tren de amigos
No he recibido nunca un premio. Cuando cursaba Periodismo, obtuve el segundo en un concurso de cuentos, pero llegué tarde a recogerlo; para ser más exacto, estuve con tanta anticipación que se me fue el santo al cielo. Al joven ingeniero leonés Alejando Antonio Alonso Cadenas no se le fue el suyo tan lejos y ha podido recoger el prestigioso premio Talgo a la innovación tecnológica ferroviaria, en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Lo recibió por su trabajo Mejoras en la eficiencia energética de los trenes de alta velocidad a través de la optimización de la entrada de aire. Y se lo entregó el presidente de Renfe, Álvaro Fernández-Heredia. Un gran día, pues, en el que solo cabía la puntualidad. Nos conocimos cuando él era solo un adolescente, a través de mi amistad con sus padres: Antonio Alonso —exgerente de la Universidad de León y exgerente de la Universidad de Salamanca— y Ana Cadenas — funcionaria de Hacienda y excelente pintora—. Recuerdo que fue uno de los asistentes a la pizza Tolkien, que organicé hace muchos años con el pintor Álvarez Barthe y el escultor Amancio, para dialogar con jóvenes —incluidos nuestros hijos— acerca de la misión encomendada a dos hobbits, a priori muy superior a sus fuerzas… y que, pese a las muchas dificultades sufridas, lograrían llevar a cabo. Lo difícil no es imposible, solo difícil. Quisimos transmitirles que en los días duros confiaran en la amistad.
Como sus hermanos —Patricia y Carlos—, fue educado en el amor por el estudio y la lectura. «Mis hijos son buena gente», me dice su padre, «y su madre se habría sentido orgullosa». Sí, también eres un gran orgullo para tu tierra.
Pese al tiempo transcurrido, puedo visualizar a su padre el día en que se me acercó afectuoso, en la Facultad de Letras, para comentarme una de mis primeras columnas. No hicimos amigos, me motivó a ser el juglar que soy. Ambos estamos ya jubilados, pero no de la amistad. ¿No es luminosa la vida, pese a sus túneles? Felicitaciones, Alejandro Antonio. El mayor premio eres tú. Te deseo un tren de buenos amigos. Nunca pasan de largo, jamás se retrasan. Son nuestro premio de cada día y… sí, hacen que lo difícil no sea imposible, solo difícil.