Diario de León

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Mira lo que te ha pasado, osa ingenua y algo tolili, por meterte en los caminos y andares del hombre blanco. ¿Es que te era más cómodo ir sobre asfalto descansando así de tu tortuoso ir y venir por monte de roble, palos y mata ciega?... Era de noche, claro, y en la oscuridad sabes ver y moverte como los gatos, pero de repente dos faros te deslumbraron y un gigantón metálico y veloz arremburrió sobre ti con tal topetazo, que allí mismo te visitó la muerte para llevarte al cielo de los animales cándidos, esa negra osera en nube oscura en la que ahora te estarás preguntando qué coños te pudo pasar y, lo que más te inquieta y angustia, ¿dónde están tus dos esbardos?, pues quiero suponer que tenías descendencia, ya que desde hace algunos años se vienen viendo en estas montañas más osazos cazurros o asturianos que nunca, y muy machirulos, encelados cada primavera muriéndose por tus vientos de hembra en promesa y tratando además de matar a todo osito ajeno... a ver, ¿qué hacías a esas horas en la carretera comarcal de Rabanal de Abajo?... ¿es que te ibas de copas a Villablino siendo noche de sabadete como hacen tantos mozos de toda esa contorna lacianiega?... ¿te movía el hambre o el curiosear?... ¿buscabas un qué, un quién, un cómo, un cuándo?... ¿y te sentías más segura por ser noche cerrada y poco probable de ver gente de la que siempre huyes al verla o cuando ella te ve?... ¿qué demonios te llevó a dejar el monte que te encastilla y camufla, bajar al hondón del valle y creerte segura en esa carretera?... bien sé que sólo el hambre gobierna tus pasos; comer es lo único que importa, y más ahora que el frío se tumba encima trayendo heladas y despensa vacía; ya no queda nada en el boscaje, ni bayas ni bellotas ni hayucos, sólo algunas raíces (qué remedio) y menos con tanta competencia (en los 90 había 25 osos en Laciana/Sil; hoy sois unos 200)... y es que los osos tenéis el olfato más agudo de esta fauna y de los pueblos os llegan intensos olores que tientan y tufos que excitan, sobre todo de contenedor, y allá se os va la gazuza mortal... ¿y ahora quién dice a tus hijos que por carretera ¡jamás!?... no serás la última osa atropellada.

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