CUERPO A TIERRA
Derechos y privilegios
Los derechos y obligaciones que tenemos los españoles son en principio iguales para todos y aparecen recogidos en la constitución. A partir de ahí, la política matiza ciertas situaciones, regula aspiraciones y fija sus objetivos en determinadas partes de la realidad, mientras opaca otras. La diferencia entre los gobiernos de alternancia en nuestro país casi siempre ha consistido en los asuntos o aspectos sobre los que se pone el foco de la atención prioritaria. Derecha e izquierda se distinguen más que nada por eso: el lugar de su mirada. La aplicación de las leyes tiene sus mecanismos, que no serán perfectos porque nada de lo humano lo es y además las leyes tienen límites y lagunas, pero al menos certifican imparcialidad en los procedimientos. Hasta cierto punto, pues luego entran en juego las normativas. Con gracia, un político de otro tiempo, el primer Conde de Romanones, al que ahora cita Mañueco, afirmaba: «Haga usted las leyes y déjeme a mí los reglamentos». Resumiendo: la democracia garantiza los derechos, mientras que los privilegios son maneras heredadas de tiempos poco igualitarios y caciquiles.
Si me dieran a elegir, yo creo que a bote pronto, como casi todos, en ciertas materias uno preferiría tener menos derechos y más privilegios. El privilegio no conlleva más obligación que la gratitud y esta es asunto que tiende a lo intangible, pues el «te debo una» casi siempre viene sin plazos. A cambio, también es cierto que carece de fecha de caducidad. Pero en el ínterin que existe entre el favor y devolver el favor todos los réditos son para uno. Desde luego, así parece que lo consideran los secesionistas catalanes, que hasta ahora están a recibir prebendas, ignorando que, ampararse bajo las alas protectoras de un presidente con fama de mañoso, tarde o temprano les exigirá sacrificios. De los clientes, en Roma, personas puestas bajo la tutela de un poderoso, se esperaba que ayudaran a influir en determinado sentido en las decisiones de las autoridades. Poco más. Nada menos. Ha de llegar el día en que el gobierno de la nación exija a los catalanistas la restitución de tanto agravio comparativo para el resto de autonomías, la jornada en que el presidente Pedro les anuncie que es la hora de dar. Porque sería terrible creer que tantas concesiones y privilegios sean a cambio de nada más que sostener a un ejecutivo. Juas.