SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS
Un nuevo Frankenstein
¿Caminamos por el Valle de la Muerte o estamos subiendo una escalera hacia el cielo?

Que la inteligencia artificial (IA) está inundando todos los rincones de nuestras vidas es algo obvio y conocido por todos. Pero, no existe la misma unanimidad respecto de su aceptación o su rechazo. Unos, partidarios acérrimos y otros, no tanto por los recelos que suscita todo lo disruptivo. Y ciertamente es una nueva realidad con gran dosis de ruptura con el pasado.
Hace unos días tuve la ocasión de asistir y disfrutar de una conferencia sobre IA en el Campus de la Universidad de León en Ponferrada. Digo disfrutar porque la ponente doña Teresa Rodríguez, catedrática de la Universidad Carlos III nos deleitó con su sabiduría y amenidad. Público variado, diverso en origen y profesiones, pero con un mismo interés, saber de qué va este asunto. Dos pilares vertebraron su ponencia, uno el derecho, el otro, el análisis de la naturaleza y desarrollo de la IA. Para mí, los dos ejes fundamentales que definirán las sociedades del futuro. La sociedad está modulada por el derecho, por la norma, es el epicentro de lo que podemos hacer y lo que no podemos hacer, sustenta las sociedades. La IA como tecnología determinará qué sociedad se ha quedado en el pasado y la que se ha subido al carro del futuro. Tiempo bien invertido y de lecciones aprendidas. No es poca cosa en los tiempos actuales en los que para aprender y bien necesitas tener la misma suerte que para que te toque el gordo de la lotería en la ya próxima Navidad. Creo poder afirmar tras conversaciones con los asistentes que todos nos fuimos con la sensación de estar ante una ponente de entidad y solvencia. Las conclusiones a las que pude llegar, y evidentemente son exclusivamente mías, es que la IA podría estar en el camino de adquirir una entidad propia. Cierto es que es una creación humana y, en principio, con un carácter utilitarista. Pero, una vez que reflexionamos sobre la evolución de sus capacidades y el ritmo exponencial al que se desarrollan, tengo serias dudas de que se quede en una mera herramienta a nuestro servicio. Un poco inquietante. Intento autojustificarme con la realidad histórica y la natural preocupación que nos han producido siempre los grandes saltos tecnológicos. Cuando Mary Shelley, escribió su
Frankenstein provocó el pavor en los ciudadanos que lo vieron como un monstruo y no supieron ver su humanidad. No en vano era una creación humana con sus virtudes y defectos. Su reacción instintiva fue darle caza y destruirlo porque se sintieron desamparados, sin armas frente a algo nuevo que no entendían y les abrumaba. La IA puede considerarse como el nuevo Frankenstein. Poderosa, ansiada por los científicos pero, temida por muchos. Quizás caminando hacia una nueva entidad, un nuevo ser que dispute al ser humano su solitario protagonismo como sujeto del derecho y por lo tanto como único actor social. Sin duda ningún reto del pasado ha desafiado en tal medida a la humanidad. No estamos hablando simplemente de un desarrollo tecnológico que marque una nueva era, estamos hablando de la posible desaparición del mundo tal y como lo conocemos. Lejos mi pretensión de predicar un futuro apocalíptico, quiero tener fe en la capacidad humana de superar los grandes retos que nos ha permitido progresar y ser lo que hoy somos como especie. Nuestra capacidad de adaptación parece no tener límites. No creo que nadie pueda vaticinar la manera en la que concluirá todo esto. En una utopía o distopía, no hay más opciones. De momento queremos poner límites a una IA que no tenemos muy claro que estén en su ADN. ¿Será una compañera leal? ¿será nuestro némesis? El tiempo lo dirá.