Diario de León

Creado:

Actualizado:

Queda justito una semana para el 20-N. El día del aniversario del adiós que a veces parece que no fue tal. Haciendo bueno aquello del eterno retorno de lo igual, esa fecha escenifica el final que nunca se completó. Cada día oímos o leemos algo sobre el dictador que murió allá por 1975. Pero también sobre el leonés que, desde Moncloa, convocó unas elecciones un 20 de noviembre (2011), siguiendo ese afán de usar el terrible régimen para movilizar votantes, pero aquello acabó generando una mayoría absoluta para Rajoy. Zapatero no se amilanó con el enorme varapalo tras años resistiéndose a permitir que los españoles fuesen a las urnas, y hoy sigue muy presente cada día en todos los noticiarios.

Quizá ese sea un problema que tiene España. Su complicación para cerrar episodios, leyendas y heridas. Vivimos aún pendientes de que nos sermoneen por lo que hicieron en realidad en América los tatarabuelos de los que siguen allí. De una leyenda negra que nunca llegó a los niveles sanguinarios de otras inquisiciones europeas. Acomplejados frente a los que defienden regímenes que son cualquier cosa menos democráticos.

Ahora, con los catalanistas convencidos de que han ordeñado suficientemente la vaca, dan la patada al caldero para intentar forzar que pase el siguiente. Núñez Feijóo dice que se resiste a escuchar el canto de la sirena exiliada, aunque es probable que los fontaneros —que también los hay en Génova— anden buscando catapultas para asaltar La Moncloa.

Y mientras, Pedro Sánchez haciéndonos perder un tiempo precioso para, entre otras cosas, aprovechar los fondos europeos postcovid. Valga como ejemplo de lo terrible que es tener un país paralizado a la espera de un Gobierno con capacidad de acción. Todo por el egoísmo de mantenerse en el sillón. Se repite el triste guion que trazó Zapatero y su retraso a la hora de admitir que había crisis, permitiendo que el paro o la prima de riesgo, buenos termómetros también, se disparasen a unos niveles que tanto perjuicio han dejado hasta que se encauzaron las cosas. Jugábamos la champions...

El sucesor de ZP (Rubalcaba), que puso nombre a lo del Gobierno Frankenstein, también dicen que comentó que España entierra bien tras no saber valorar en vida. El problema quizá sea otro. Seguimos dirigidos por personajes que son como el Cid o el que agonizaba en El Pardo, muertos vivientes que empujan hacia la nada al país...

tracking