AL TRASLUZ
Solo por una vez
Estoy deseando ver la exposición de Yoko Ono, en el Musac. Una persona que siempre me ha interesado, e intuyo que con la que se ha sido injusto. Si alguien tan inteligente como John Lennon la amó, ¿no sería porque supo bien a quien amaba? Ya les contaré aquí mis impresiones. Por cierto, que hace años la mencioné en un artículo que publiqué en la sección de Deportes, de este periódico, dentro de una serie titulada Gula de Goles. El New York Times se hizo eco del mismo, aunque por motivos erróneos. Es anécdota que cuento en casa cada nochevieja, y los parientes ponen de cara de «¡¡¡Va a contarlo otra vez, ¿puedo atizarle con la centolla!!». Vale, pero, hoy está plenamente justificado y aquí va: la redactora jefe Susana Vergara me había encargado crónicas humorísticas sobre el Mundial de 2010, dado que no tengo ni idea de fútbol. Esa era la gracia: contar desde el sofá de casa mis impresiones, hasta que fuéramos eliminados. No lo fuimos, ganamos. Perdimos el primer partido, contra Suiza, y algunos medios internacionales orquestaron una campaña de guerra psicológica con la «sólida» base de que la presencia de la periodista Sara Carbonero desconcentraba al portero. Y un bloguero del New York Times escribió un análisis de le situación «belicosa» que vivíamos en España por tan «grave» asunto, y puso como ejemplo tres artículos, uno de Marca, otro de El País y un fragmento del mío, en el que decía: «Tranquila, Sara Carbonero, que también a Yoko Ono la culparon de la separación de los Beatles». El colega había entendido en serio lo que solo era retranca. Nos enteramos porque un periodista que había hecho prácticas en el Diario se encontraba en New York ese día.
Hasta aquí la batallita. En mi recuerdo lo que permanece es la apuesta que Vergara hizo por mí, aquel experimento suyo de mezclar futbol y humor. Los nuestros no se volvieron a casa hasta el último día, y este juglar de columnas no salió de ella.
Utilizo mucho la primera persona en Al Trasluz, sin embargo, jamás he escrito aquí el pronombre personal yo. Eso nunca, ni hablar. Mis heterodoxias tienen sus límites. Dicho esto, solo por una vez, voy a escribir tres yoes: Yoko, yo y los del York. Uf, ¡qué a gusto me he quedado! Ah, la vida…