Diario de León

AL TRASLUZ

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Casi ángeles

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Hablemos del niño que fuimos. El madrileño Santiago López Navia recibirá este jueves el premio González de Lama —que concede el Ayuntamiento de León—, por su poemario Reino (Éramos), que publica Eolas. La infancia… aquel pequeño rascacielos. ¿Quién es este premiado? Filólogo, catedrático, cervantista, poeta y amigo. La amistad tiene flechazos y a mí con él me bastó un santiamén; seguro que de chavales también habríamos sido amigos. No tengo aún el libro, pero conozco su cubierta: un niño salta feliz; la imagen no es mostrada a través de un velo monocromático que sugiere que esa infancia «ocurrió» y ya no existe… aunque sí su Verdad. ¿Qué puede estar celebrando con su brinco más que estar vivo? De crío lo ignoras todo excepto lo esencial: que amas a tus padres y que eres amado por ellos, que siempre estarán ahí —y están incluso después de haber partido—; que el Bien gana siempre, aunque no siempre a la primera. He leído ya el índice: «canicas»… «escondite»… «cine de verano»… «cromos»… ¿Les suena? En nuestras notas se puntuaba también la conducta. Gran asignatura, en la que nunca saqué diez, aunque tampoco calabazas. Fui bueno raspado; todos a los ojos de nuestros padres éramos casi ángeles, pese a alguna gotera.

Un día descubres que tu infancia no eras solo tú, sino también tus padres. Juntos erais —sois— ese rascacielos. Me cuenta López Navia que sigue dándole vueltas al reloj que le regaló el suyo. «Y no se retrasa». El amor de los progenitores es el más puntual; el otro, a veces coge calles equivocadas o necesita un rodeo para llegar al corazón al que se dirigía. ¿Quién no quisiera tener de nuevo consigo a sus padres y ofrecerles una versión mejorada de hijo? Darles un diez en conducta. Y cuando ya creías saberlo todo de ellos, la edad te trae más destellos de la luz que sembraron en tu corazón para guiarte. Los adultos vagamos en busca de un grial que unifique lo escindido, y la poesía de López Navia nos ayuda a hacerlo. Es cristalina y sabia.

Ese mismo día estará en el colegio La Anunciata, donde hablará de poesía. Escuchad atentos sus palabras, estudiantes y docentes. Leed su obra. También, vosotros hubieseis sido sus amigos; de hecho, lo sois. A mí me bastaron minutos.

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