Diario de León

MAR DE FONDO

Carmen Tapia

Carmen Tapia

Redactora De Sociedad

La mugre bajo la alfombra

Una protesta contra la violencia de género.

Una protesta contra la violencia de género.dl

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Suelen ser encantadores para ser personas tan horribles. Y lo peor de todo es que no lo saben, ni se dan cuenta, socialmente alabados y reconocidos, acostumbrados como están a ser la palabra a la que se da crédito. No necesitan ningún esfuerzo, siempre tienen el beneficio de la credibilidad, hagan lo que hagan. Las denuncias por acoso ignoradas estallan como un torrente de desafección en esta España de leyes pioneras como la de igualdad efectiva entre hombres y mujeres, las medidas de protección integral contra la violencia de género, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, de garantía integral de la libertad sexual, la igualdad de trato y la no discriminación y representación paritaria y presencia equilibrada. A las mujeres se les da voz, pero no se las escucha ni por los canales internos, ni externos, ni de palabra, obra u omisión.

Algunos señores, sean de derechas o de izquierdas, solo han asumido el discurso feminista e igualitario sobre el papel porque el desaprendizaje no solo necesita de un interés previo, una decisión firme de poner en solfa todo pensamiento y argumentario machista que incluso a las mujeres que son víctimas les cuesta reconocer tras años de sorber, desde pequeñas, dosis de mensajes para conformar un pensamiento de aceptación.

"O te educas para saber cuándo tu comportamiento es sexista y machista o lo aprendes con la ley en la mano"

En Comerás flores, Lucía Solla Sobral indaga en la sutileza de un maltrato descarnado del que la víctima no es consciente. Una lectora comprometida se rebulle en su asiento en cada escena ante la imposibilidad de apartar a la protagonista de una relación que ni ella ni su familia son capaces de identificar hasta que ya es demasiado tarde, cuando la soledad, las pérdidas y los trastornos de alimentación han arrancado la frescura de una vida que empieza a despuntar, arrastrada por su maltratador, un hombre guapo, moderno, con dinero, con buena posición y muy reconocido socialmente.

En los últimos días se ha destapado la caja de Pandora, de la que sale toda la mugre escondida bajo las alfombras, que emerge ahora como caballo desbocado sin entender muy bien qué pasa, porque en el fondo, ese es el problema, que no saben muy bien por qué las mujeres se ofenden y se sienten acosadas ante sus comportamientos calificados como «babosos» por algunas de las víctimas de los salazares, navarros y tomés de turno, que están en el punto de mira por sus presuntos comportamientos machistas y sexistas.

Dimisiones en cadena que demuestran, hasta ahora y siempre, que acabarán sus días sin tener ni idea de por qué han actuado mal, se sentirán víctimas y se preguntarán por qué lo que han dicho y hecho a esas mujeres, a las que acusan de mentir, está mal. Al ¡Ya mujer!, ¡chúpamela!, ¡zorra! ¡sargenta! ¡loca! ¡vieja! hay que añadir comportamientos «que destilaban misoginia y baboseo en cada comentario disfrazado de broma». O te han educado para saber que esos son comentarios y comportamientos machistas y sexistas o es imposible que lo entiendas de otra manera que no sea con la ley en la mano.

O te educas para saber cuándo tu comportamiento es sexista y machista o lo aprendes con la ley en la mano

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