CORNADA DE LOBO
Bronca y chinchín
Recibo un mensaje: «Yo ya he empezado a discutir con la familia, que luego llega la Nochebuena y todo son prisas». Y añade el informe del «Atlas de la polarización en España»: «Dos de cada cinco españoles presenciaron o participaron en discusiones fuertes de política en la última Nochebuena o Nochevieja… y en el último año el 14% de los españoles ha roto con amigos o familiares por culpa de peleas por la política (amigos fuera, hijo contra padre, hermano contra hermano… y el cuñado, atizando). Con tal de evitarlas, tres de cada cinco ya no abordan el tema en una conversación».
Brasas en el cerebro. Arde la palabra y se incendian los sentimientos. Nadie rinde alcázar. Siendo corriente, ya es torrente salirse de grupos de guasap; el 15% abandona redes harto de gresca. Se extrema la división y se llega a lo personal, a romper lazos o relaciones. No hay argumentos, sólo pasiones. «De votantes a hooligans», dice Mariano Torcal, catedrático de la Pompeu i Fabra. Del voto mudo en urna al insulto bestia de grada. El ganar como sea justifica eliminar al otro. Lo que era discusión y sana controversia se vuelve guerra de exterminio y negación del adversario. Malos tiempos para la razón. La sinrazón no exige pensar dos veces, contar hasta siete o, menos probable, envainar el sable… y vendemos la sensatez al primer cantamañanas con corneta desgañitada y tambor tonante marcando el paso a sus consignas. Ideas y opiniones ya no se argumentan, se disparan; el odio es pólvora y todo lo ajeno (todo) es diana. ¿Y querrá decir esto que huirá la democracia y la convivencia a un totalitarismo redentor llegando la sangre al río?... A los que despachan voceando su acritud se les va por la boca la fuerza y no por ello duermen más tranquilos, al día siguiente redundan, pero cuídate mejor del que rumia furias para sus adentros, pues cualquier día se le desborda el tarro y se inunda su mano de rabia paranoica. ¿Y el antídoto?... hablad de la nieve, recordad a la buena gente, encontrad al niño que se os perdió… y quizás alguna inocencia os cante un villancico a las puertas del corazón.