Diario de León

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Cuando el grajo vuela bajo, aeropuertos al carajo (dícese cuando «todo queda en lo hablado como en la escuela de Mora»). «El sastre de Valdetilo cosía de balde y ponía el hilo» (dícese del tonto de carrete que bordó aeropuertos con crucetilla y ató aviones al cielo con longaniza). «Si preguntas por berzas, mi padre tiene un garbanzal» (advierte de lo inoportuno de meterse en navegación aérea si el camino al huerto de la aviación se llenó de pozas cerrando el paso al carro). «La culpa del asno se la echa a la albarda» (delata al listo que gobierna el corral con rebuznos). «No entra a misa la campana y a todos llama» (dícese del que exige terminal de mercancías para el aeropuerto sin coserle una sola pluma a sus alas y llama al sastre de Valdetilo). «Al que de miedo se muere de mierda le hacen la sepultura» (por el contratio, ¿quién dijo miedo habiendo hospitales?). «A moro muerto, gran lanzada» (muerto Carrillo o Franco, ¿quién se privó?). «Aramos con el caballo y ensillamos al buey» (úsase para explicar el idiota que si no cabalgamos es porque no nos ladran). «A mal dar, tomar tabaco» (aconseja al político conformarse con los cigarrillos de quien da malas cartas en el mus autonómico). «Trabajo tiene la zorra cuando anda a grillos» (dícese del político tuerto al que le roban el presupuesto y clama después por sólo calderilla). «Cuando no lo dan los campos, no lo dan los santos» (y aun así, el cazurrete exige crear una Dirección General de Rogativas). «Si quieres vivir sano, hazte viejo temprano» (y el secesionista parió un eslogan: «León, vejez antigua»). «Amigo reconciliado, enemigo doblado» (y dice el lleunés solo: mejor no tener amigos). «Amigo que no da y tijeras que no cortan, que se pierdan poco importa» (vienen elecciones y quien hasta hoy pactó amistad y gobernanza tiende a perderse, pero vaya que pactará después del voto). «El que oveja pierde, cencerros escucha» (dicese de la «llingua borrega de las esquilas», que es aquí seña identitaria). «Bienaventurados los borrachos, porque verán a Dios dos veces» («bebeu y folleu, qu’el mon s’acaba»).

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