CORNADA DE LOBO
A las termas
Las buenas termas en la vecchia Roma eran a la vez gimnasio con piscina, baños, biblioteca y hasta foro donde se hacía vida social, política, negocios o se bebía y jugaba. Lujo patricio y privado en principio, acabaron siendo también públicas (800 baños llegó a haber en la capital imperial en el siglo IV) y emperadores hubo que quisieron hacerlas monumentales para granjearse el favor popular (Caracalla resuena ahí). Las mejores tenían caldariums para entibiar el agua y hasta salas de vapor, igual que los griegos antes o los turcos después. Y en todo lugar donde las aguas termales brotaban de natural Roma puso balnearios. Su cultura era adicta al aseo personal y a la salud corporal, a los masajes perfumados y al gozo del hamman moro que imperó en la España islámica sin que este norte de cristianos pastorones les imitaran; huían del agua; y con olor a chotún y a sebo de pija (ajipedobes, decía Quevedo al revés) se anunciaban a dos leguas. De ahí venimos, pero ahora vamos al gimnasio (en pijo, gym) con spa... y en enero, tras los Reyes que traen colonias que empalagan en el ascensor, un abono para el gimnasio. Así que volvemos a la Roma patricia y decayendo el imperio. Hay aquí mucho gimnasio baratejo, pero crecen los de 200 o 300 euros al mes con todo aparato de cardio y fuerza, pilates, piscinas, pádel, restaurante, tienda, salón y hasta rincón para masaje secreto. Todavía hay clases, como entonces: agripinas y crasos, mercaderes de altura, menestrales de cabezada... y esclavos, muchos esclavos. Así que cuanto más caro es ese solarium social, más derechona es su peña. Y cuanto más barato y con joven mazao de barrio y sueños de pobre, más ultraderechón el aire. El triunfo del cuerpo más macizo en ellos o más torneado y sexy en ellas es lo que se busca (lo de la salud, disculpa). Ir en mallas revelará los logros y cebará el alarde y la envidia. Un pelo rapado a moda y un retablo de tatuajes en los brazos rubrican la credencial. El gym es una religión con muchas capillas donde se martiriza al cuerpo para alcanzar la gloria; y sus devotos salen todos catequistas. La risa es que la mayoría no escapará de su cuerpo o garabato.