Diario de León

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Acabas de dejar a tu niño en el cole, Renée Good, anónima hasta ese día, regresas a casa por las calles congeladas de Mineápolis, detienes tu todoterreno al ver en la zona agitados miembros de la Fuerza de Inmigración y Aduanas (ICE) con la amable actitud y extrema civilidad que les caracteriza, te mandan parar, te mandan que sigas, te dicen ¡¡salga del maldito auto!!, órdenes contradictorias, así que tranquila le dices «no te preocupes, amigo, no estoy enojada contigo», te pones en marcha impidiendo que uno de los gorilas que te rodean meta mano por la ventanilla para abrirte la puerta, emprendes marcha despacio y, de repetente, tres disparos te acribillan a quemarropa y te despiden del mundo y de tu vida con un sonoro piropo, ¡fuck bitch!, ¡jodida puta! (tú, a ti, que también escribes y te dicen poeta)... tienen además piropos para tu esposa Becca que ha estado grabando con móvil la salvajada, ¡lesbian sluts!, ¡zorras lesbianas!... y aún te latirá el corazón unos pocos minutos para tener que oír un último elogio de tus verdugos, ¡homewrecker!, ¡rompehogares!... Entiéndeles, es el miedo matón del arrogante militarote y salvapatrias, tipo muy «make America great again» más trumpista que Trump, ese que, aunque anda siempre apuntando con su dedo acusador, no coge él mismo la pistola porque eso se lo encarga a sus guardias pretorianas dándoles licencia para matar sin preguntar, asaltar hogares sin orden judicial, detener a todo el que tenga cara chicana o rara... para volver días después con un salvajismo aún mayor que el que te aplicaron descerrajando diez tiros a un enfermero americano que también grababa con el móvil la agresividad de ese cuerpo paramilitar que enmascara sus rostros, vocifera y aterra haciéndose dueño de lo que pisa su bota y de las almas que lo crucen, a las órdenes de un jefe Bovino complacido en su vestir a lo nazi, su raparse y saludar brazo en alto y al que no ha tenido más remedio Trump que destituir buscando olvidar o absolver así su crimen. Pero nos duele, Renée Good, que tu alma jamás halle la paz. Te la han robado unos bárbaros con la única idea de disfrutar sólo con la guerra... y la piden.

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