NUBES Y CLAROS
Con ira, sin libertad
El patético episodio de la suspensión del ciclo Letras en Sevilla sobre la Guerra Civil (estamos de triste aniversario, y en todo caso se puede debatir sobre ¡cualquier! cosa) pone los pelos de punta sobre el papanatismo, la intolerancia, la regresión y la pléyade de dictadorzuelos que olfatean cual mara todo aquello que puedan emponzoñar desde su insoportable cortedad de miras. Lo triste, que la campaña de desprestigio en las insoportables redes y el matonismo clásico (amenazas por teléfono) hayan acabado por ‘aplazar’ un encuentro que reunía a un apasionante abanico de intelectuales de prestigio de toda ideología, para debatir desde distintos ángulos tal afrenta: 1936, ¿La guerra que todos perdimos? Al parecer las interrogaciones se pusieron en el último momento, que hasta para debatir hay que cogérsela con papel de fumar (hay mucho galán puntilloso).
El caso es que el foro, ambicioso y multitudinario en cuanto a voces de lo más diverso, del más alto nivel político, académico y cultural, se vio sacudido por la tontuna. Vox rechazó participar desde el primer momento (obvio), y Podemos hizo al final causa de intolerancia (idem), lo cual no tendría que haber desmoronado un sólido, equilibrado y amplio plantel de referentes prestos a compartir ideas. Que es lo que se pretende abortar. Con tanto despliegue digital como estulticia intelectual y política.
Sí, el ciclo se ‘aplaza’. En el cuadro, como en el 2 de mayo de Goya, se retratan los muchos que se han mantenido en pie por encima de la marejadilla apisonadora (entre ellos Luis Mateo Díez, llamado a debatir con David Uclés, que al final precipitó el desenlace); y también quienes se hacen los muertos para no sufrir martirio de redes. Allá cada cual con su gallardía y su legado.
No es Pérez Reverte persona de medias tintas, para bien y para mal, pero está claro que este episodio remite a «lo que ocurrió en los años conciliadores de la Transición». Por destrozar un legado de tolerancia que debería ser irrenunciable en este país. Desde luego, se trata de un «siniestro» episodio. Que amenaza, dramáticamente, con ir a más. Una involución inasumible que coloca las tripas de lo gris sobre la libertad de palabra y pensamiento. Que cercena la irrenunciable capacidad de diálogo entre polos opuestos. Que vuelve a colocarnos las cadenas que creímos cortar hace ya tantos años...