NUBES Y CLAROS
El dedo y la luna
Meter en el mismo saco las bajas en el trabajo causadas por enfermedad o accidente y el absentismo laboral, e intentar matar las moscas de las pérdidas empresariales a cañonazos contra el sistema y los trabajadores, no parece la mejor forma de poner remedio a una situación que, sin duda, es más que preocupante. Y exige medidas que de ninguna forma pasan por poner en manos de las empresas y sus mutuas el calibrar cuándo una persona está en condiciones o no de trabajar, pero sí urgen soluciones en el sistema público de salud que pasan, por ejemplo, por agilizar las pruebas diagnósticas, las intervenciones y los procesos de recuperación. Lo que resulta patético es que estén incluyéndose en algunos de los convenios colectivos de grandes empresas cláusulas que eximen a las compañías de sus obligaciones de pago a los trabajadores en determinadas bajas justificadas por los médicos, pero incómodas para las sociedades. Se registran situaciones en las que sólo se considera la enfermedad si hay ingreso hospitalario. Demencial.
Desde luego la cuestión urge sobremanera en León, que ostenta las bajas laborales más largas del país con 85 días de media, y casi 20 millones de horas de trabajo perdidas en un año.
Las incapacidades temporales (el absentismo real va por otra vía, y son otras las herramientas que las empresas tienen para atajarlo) han de ir necesariamente a más en un tejido laboral que no sólo envejece, sino que reivindica su legítimo derecho sufrir malestares que siguen estando apestados en los partes médicos de trabajo, como las dolencias emocionales o mentales. Y no cabe invocar la figura del jeta, el pícaro conocido por todos sus compañeros, para amedrentar a quienes sí padecen determinadas dolencias, no siempre visibles a los ojos de los demás.
La batalla empresarial contra el incuestionable aumento de las bajas (cuyos costes innegablemente asfixian sobre todo a los pequeños negocios) no debe dirigirse contra los derechos del conjunto de los trabajadores, que son los que amparan a quienes sufren, lo entienda o no quien carga con el muerto de su dolencia. Seguir apuntando en esta dirección es empeñarse en fijar el problema en el dedo, sin querer ver la luna. Y la luna está en fase creciente...