Diario de León

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En el año 1906 se percibían con claridad las transformaciones operadas por la revolución industrial. La iniciativa de la nueva burguesía empresarial y la conformación de una clase trabajadora organizada mediante sindicatos inauguraron una etapa modernizadora. La Constitución Española de 1876 había propiciado una monarquía parlamentaria, de aparente inspiración británica, que funcionaba por el turnismo pactado del Partido Liberal y del Conservador. Reinaba Alfonso XIII.

El movimiento obrero contaba con presencia política y, por supuesto, sindical (en 1879 se había fundado el PSOE y en 1888 la UGT). Habían cobrado importancia las novedosas leyes laborales, porque el sistema económico se basaba ya en la prestación de trabajo por cuenta ajena y, en fin, en las relaciones laborales. Recuérdense la aprobación de la Ley de Accidente de Trabajo (1900, conocida como Ley Dato, pues Eduardo Dato, quien acabaría siendo presidente del Gobierno, la promovió) o la creación del Instituto de Reformas Sociales (1903) y de la Inspección de Trabajo (1906).

La ciudad de León, caracterizada por sus fuertes personalidad y capacidad de iniciativa, se sumó a aquellas que impulsaron en España la modernización requerida. La burguesía leonesa empezó el siglo XX con nuevas actividades empresariales que provocaron los cambios urbanísticos del momento, apreciados en el ensanche. No en vano la sociedad Fernández y Andrés, del sector textil, que mantenía relaciones comerciales con el conde Eusebio Güell, encargó a Antonio Gaudí (se conmemora en 2026 el centenario de su fallecimiento) la preciosa Casa Botines (concluida en 1892). En Astorga, en las mismas fechas, el genial arquitecto catalán construyó el Palacio Episcopal, obra maestra del modernismo.

La transformación del sistema económico-productivo en las décadas finales del siglo XIX y los primeros años del XX estuvo unida a los inicios en la mecanización del campo, con relevante producción agraria en varias comarcas, dada la rica heterogeneidad leonesa de climas, terrenos y paisajes, amén de al impulso de la minería, especialmente la del carbón y en El Bierzo, con el rápido desarrollo urbano de Ponferrada. No está de más señalar en estas líneas que la actual Comarca del Bierzo (regulada hace ahora treinta y cinco años por la Ley 1/1991, de 14 de marzo) fue provincia durante once años con un territorio más extenso, en virtud de la organización administrativa aprobada en 1822, en pleno Trienio Liberal.

El tren contribuyó a la industrialización. Así lo simbolizó la antigua estación de tren de León, inaugurada en 1863 por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Se le dotó de una marquesina al estilo Eiffel, representativo de la arquitectura del progreso europeo. Se fomentaron las conexiones estratégicas con Asturias y Galicia, así como el ferrocarril de La Robla (vía estrecha hacia Palencia, Cantabria, Burgos y Vizcaya), que unía las minas con la industria siderúrgica del País Vasco. Las valoraciones de la época coinciden, salvando las diferencias del marco, con las reivindicaciones sobre el Corredor Atlántico y la Ruta de la Plata. Además, la Real Sociedad Económica de Amigos del País propició la constitución en 1900 del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de León.

León siguió aportando, como hizo siempre con vigor y acierto desde el gran Reino, ideas y personas sobresalientes. Sirva de ejemplo el jurista Gumersindo de Azcárate, krausista y defensor de la libertad de cátedra, artífice de la Ley de 23 de julio de 1908, de represión de la usura, un avance extraordinario en la legislación española: «Será nulo todo contrato de préstamo en que se estipule un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las circunstancias del caso o en condiciones tales que resulte aquel leonino, habiendo motivos para estimar que ha sido aceptado por el prestatario a causa de su situación angustiosa, de su inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales».

El progreso en democracia se encuentra vinculado a la libertad de prensa, así lo destacó, con buen resultado, Diego Muñoz Torrero en las Cortes de Cádiz. Atendió esa necesidad de la sociedad leonesa la fundación del Diario de León el 3 de febrero de 1906. Se dio cuenta de ello Juan Manuel Sanz y Saravia, obispo de León (1905-1909), quien, si bien recelaba del liberalismo, conocía, siguiendo la doctrina del papa León XIII, el valor de los medios de comunicación en una sociedad pluralista.

Han devenido enormes los cambios en su estructura, propiedad y línea editorial, como también lo han sido en el contexto político, económico, social y cultural. Lo que no ha cambiado es su afán por servir a la sociedad leonesa, su espíritu crítico y su amor por el periodismo de calidad. Que un diario cumpla ciento veinte años no es fácil. Se requiere vocación (hasta devoción) por la información libre y veraz, buenos profesionales, eficiencia empresarial y respaldo ciudadano. El Diario de León lo sabe. ¡Enhorabuena!

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