Diario de León

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Abocada a la plaza de Guzmán y dando pie al paseo de La Condesa hubo una casa guapa, francesita y con esquinas de torrecilla con pizarra de sombrero que ya sólo en vieja postal luce su prestancia. Cárdenas la proyectó en 1914 y le dio nombre su cafetería «Cóndor». La demolieron en 1977 con la insolencia con que esta ciudad arrasa su memoria guapa para, en un intento de parecer moderna, cagarla con todas las de la ley en pro de un paisaje urbano impersonal, barato y vulgar hoy. El edificio nuevo que se alzó en su solar, todo él en blanco nata, tuvo rápido bautizo popular llamándola «La Huevera» por el recubrimiento plástico, picudo y geométrico de su fachada, del mismo modo que fue el pueblo quien bautizó el casón que tiene justo enfrente como la «Casa del Coño» por el ¡coñó, qué casa! que iba provocando al lugareño su edificación. Un arquitecto de sana insidia me comentó al poco de rematarse esa Huevera que el material de su recubrimiento era posiblemente inflamable y que haciendo resbalar por él lejía concentrada se iría corroyendo y agrietando al instante, así que ya tiene su leyenda esa casona de geometría obsesiva y abusiva. Pero hace unos días me llamó la atención un detalle: sólo dos de sus numerosas viviendas tienen plantas verdes y flor estacional en sus ventanas, un guiño para quien lance ahí la vista viendo así una guapa razón natural y un ornato vivo entre tanto blanco pertinaz y yermo. ¿Es que no hay nadie más en la vecindad de este bloque paquetón que le acompañe en ese sentimiento de verdor y galas de jardinera, toda vez que tienen su con qué y obligados al tener también su por qué?... Si tuviera que conocer a sus vecinos empezaría sin duda por quien desde esas ventanas le pone guirnalda verde al mirar ajeno, aunque seguramente perdería el interés en conocer al resto que, pudiendo hacer lo mismo, desdeñan el guapo floripondio con el que todas las casas, todas, deberían saludar a la calle que apresan con sus sombras y alturas, porque ese detalle de vida verde habla de la sensibilidad o personalidad de sus moradores. «Por sus plantas los conoceréis», dice un refrán que pide inventarse.

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