AL DÍA
Punto ciego
Qué tiempos. El golpe del 23-F revela su farsa y la dictadura de los ayatolás su flaqueza. Nada que objetar. En el mejor de los mundos, todo lo que ocurre tiene un porqué y hasta un para qué, no seamos ingenuos. Ahora bien, no sé muy bien qué es más ridículo, si ver a Susan Sarandon ensalzar la «lucidez moral» de Sánchez en la gala de los Goya o al galán de La Moncloa propagando el papel mojado del CNI como si fueran revelaciones exclusivas para encubrir sus miserias. La versión oficial del golpe de todos los golpes sale reforzada en apariencia y, al mismo tiempo, más cuestionada que nunca. Tienen razón quienes afirman que el golpe contenía varios niveles y que triunfó el superior. La ironía es que la trama golpista no iba contra la democracia. El fin de los conjurados más inteligentes era cortar el cordón umbilical con el franquismo y purgar a los jerarcas nostálgicos que aún controlaban la cúpula militar. Y todo en favor de la Monarquía, principal beneficiaria de la operación en un contexto en que la extrema derecha pretendía apropiarse de la corona y la extrema izquierda tirarla a la cloaca, nunca mejor dicho. Eso avanzamos. Los archivos desclasificados son insuficientes y, en definitiva, dan igual. Como el tenebroso asunto de los GAL, ya superado. El punto ciego del golpe no es, como algunos querrían, el sainete conyugal del guardia civil y la maritornes. El punto ciego es la fortaleza del Estado y la fragilidad de la nación. Pero esa es otra historia. En realidad, volviendo a los Goya, la «lucidez moral» de Sánchez es tan selectiva que solo se enciende cuando se trata de Trump, Palestina o Israel, y se apaga de golpe con cualquier territorio que afecte a sus intereses, ya sea Venezuela, Cuba, Euskadi o Cataluña. Ahí la lucidez se le vuelve acidez, como el jugo de limón con que Sarandon se ungía los pechos en aquella famosa película de Louis Malle. Viendo ‘Los domingos’, dudosa ganadora de la noche, tuve la sensación de vivir en un país donde la seducción de los dogmas católicos, el fracaso educativo, el desengaño cultural y la falta de oportunidades conducen a las chicas a ordenarse monjas y a los chicos a cantar el ‘Cara al sol’. Así de confusas están las cosas bajo el sanchismo. Con tal de justificar la permanencia en el poder de quien ya saben nos resignamos a comulgar con un simulacro ideológico construido con ladrillos franquistas y muros de ultraderecha. Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad. Enhorabuena, Gonzalo Suárez.