Diario de León

PANORAMA

Fernando Jáuregui

Fernando Jáuregui

Compañeros de cama

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Nunca se comentará bastante el error que supuso la configuración de la actual normativa electoral que tenemos en España. Se ‘fabricó’ originariamente para impedir el ascenso de un tercer partido (entonces era el Partido Comunista) y provocó, de carambola, la sobrerrepresentación de los nacionalismos, al tiempo que dificultaba la gobernación del partido ganador. Así, crecientemente la posibilidad de gobernar descansa en pactos con ‘extraños compañeros de cama’, como decía Churchill, que quizá debió decir ‘indeseables compañeros de cama’.

Así lo venimos sufriendo con los acuerdos ‘de mayoría de investidura’ que esos extraños compañeros de cama suscribieron con el PSOE desde 2023, y así amenaza con ocurrir con un cada día más cercano pacto nacional entre PP y Vox como alternativa a la ‘era Sánchez’. Pienso que la tarea más urgente, aunque sin precipitaciones, que tienen encomendada unas fuerzas políticas que se resisten a cambios democráticos en profundidad es la reforma de esa normativa electoral para permitir que el gobierno de la nación, y de las autonomías, lo ejerza quien ha ganado las elecciones. Técnicos y expertos habrá que dictaminen si eso se lograría mediante un sistema de ‘segunda vuelta’ electoral o con una modificación de los porcentajes atribuibles a cada circunscripción electoral, o a una mezcla de ambas cosas. Lo que sí es seguro es que lo ocurrido en 2023, cuando se llegó a un pacto con quien —a Puigdemont me refiero, claro— nos habían prometido que sería capturado para encarcelarlo, no puede volver a ocurrir.

Ha sido esta una Legislatura llena de alteraciones, inveracidades, trampas, opacidades y hasta de incumplimientos constitucionales, que esa es otra: si hay que modificar la normativa electoral, con más razón habrá que pactar entre los partidos mayoritarios una reforma de la Constitución, que alberga buena parte de la legislación sobre elecciones y que se nos va quedando obsoleta. ¿Supone eso abrir un período constituyente? Bueno ¿y qué, si conviene al futuro de la nación?

De nuevo se pone en evidencia lo más nefasto que puede hallarse en una trayectoria democrática: la hostilidad abierta, que llega a lo personal, entre Gobierno y oposición. Aquí preferimos pactar con quienes dijimos que nunca lo haríamos —Podemos con el PSOE, Vox con el PP— antes de llegar a grandes acuerdos con la otra gran formación nacional, que era el sistema que sustentaba un bipartidismo imperfecto que convendría salvaguardar básicamente, con las excepciones que se quieran. Auguro una vida llena de trompicones, sobresaltos e irregularidades a estos pactos entre PP y Vox que ponen fin a un largo periodo de desgobierno regional, tiras y aflojas, concesiones vergonzosas y exigencias tiránicas. Con estos mimbres, ¿qué podría salir mal? Casi todo.

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