Diario de León

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Hay una calle que fue camino en su día y responde al enigmático y exótico nombre de Fanfalicia. En término de Trobajo del Camino está y dio ruta vieja de Oteruelo a la ciudad, razón por la que también reza en algún catastro como «Camino de Fanfalicia». Es nombre diríase poético y de gran sonoridad, ¡Fanfalicia!, al tener el mismo peldaño de salida que fanfarria, fanfarrón... ¡Fanfalicia!... ¿qué quisieron decir al bautizarla así?... Han sido inútiles todas mis pesquisas. Ni rastro de su origen. Ni etimología que valga. Nada de nada. Nadie sabe decirme. Y más que ninguno, el dios Google enmudece. No es posible que nombre tan rimbombante no tenga rastro histórico o un por qué. Ruego a quien sepa algo que lo cante y nos lo indique. Tontuela curiosidad me pierde. Aunque hay un supuesto que ensayo por si fuera buena pista, y creo que sí, pues en algún viejo callejero se llama Camino de Fonfalicia y eso sí apunta a algo razonable, pues «fon» es fuente, algo bien probable de existir ahí en su tiempo, aunque apellidarla «falicia» vuelve a enderar la averiguación, salvo que fuera un «falacia» o un «fallida» que el rodar popular, como le es propio, fue trucando en «falicia», es probable, como también lo es el que alguna fuente —y más en esa leve cuesta de sólo loma— fuera irregular en su flujo, se agostara en verano y se frustrara su generosidad haciéndose entonces engañosa o falacia. Y falicia dijo la de la saya o el de la boina. fuente falicia. Así me lo explicaría yo.

Pero yendo de calles, hay una que me subyuga del viejo León, Calle de la Tremolina, perpendicular a Los Cubos y a la vista de la puerta que horadó esa muralla con escalerilla a La Regla. ¿Por qué se la bautizó así? El diccionario la define: «bulla, confusión de voces y personas que gritan y enredan o riñen»... Pero de lo que ocurriera ahí nadie sabe decir nada ni hay cronista que lo deduzca, aunque siendo la puerta al barrio de San Lorenzo donde las putas fueron industria desde que la Catedral se edificaba, no es difícil imaginar trifulca ruidosa, pendencia y hostias en vinagre o navajazo al bies. Si la calle Matasiete tiene su razón, aquí toda imaginación es razonable.

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