Diario de León
Luis Urdiales

Luis Urdiales

Hoy, súper Santos Cerdán

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En esos golpes de sinceridad que a veces asaltan a los fulleros, llegó a agradecer en público los años de entrenamiento. Con razón, porque hizo pruebas de ensayo y error hasta con el bulo y el motorista al primero de la mañana en el caso de los peines. No faltó la escena del sofá de la madame de los consumidores, que acabó en un árbol genealógico de Adif. La segregación era parte de sus negocios; la selección de agraciados con el viaje a palacio en la que se confeccionó una lista negra de periodistas, también llevaba la marca de agua de las entrevistas de los limpiabotas que se abrieron paso a codazos hasta la primera fila para el besamanos de la presidencia, después del horror y la infamia de los trenes de Atocha, los mismos que al final del siglo escribieron tratados sobre la arrogancia del alquimista que quería el Tour sin ganar la carrera del pavo de su pueblo. Con perspectiva, nos quedamos a un tris de convertir lagunair en el primer plus ultra de la democracia. Con él comenzó todo. También, el mangoneo y manoseo del leonesismo. Venga, de segundo, otro pacto; por León, por el terrorismo, por la ciencia, por la sanidad, por la educación. Por lo público. Lo público, la madre del dinero del bolso de los otros. Su emergencia política fue una máquina de descubrir feladores asintomáticos. Mientras no llegan las máquinas a abrir la vía rápida a Cistierna, aquella trola atronadora que se trajeron en el coche de línea los invitados del fiestón de mayo de 2006, no está de más recordar; eh, que se chuparon medio millón de euros por jato de indemnizaciones de las cartillas de las viudas leonesas después de enterrar la Caja, en medio de la estela del silencio sepulcral que dejaban los inhibidores de los cochazos del poder a la puerta del Musgo. Ahí, en la calle de los Muertos, qué ironía, donde lo mismo se arreglaban cotos de pesca y se colocaban jefes de servicio en la Junta que se conspiraba contra jueces poco dados a firmar por quítame una corta a cielo abierto. También hay gente que no sabía que era del Madrid hasta que Florentino le arreó a Vocento. Si acaso, no se crean nada. Que igual es una patraña, sale indemne y devuelve la fe en el estado de derecho.

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