AL TRASLUZ
Arte que no cesa
El mago de la ilustración lo ha vuelto a lograr, ahora con la poesía de Miguel Hernández. De nuevo, su magia no irrumpe de la chistera de Mandrake, ni de un hechizo del doctor Extraño. Este leonés es su propio alehop. Y en esta segunda etapa percibo que es cada vez más él; o aún sea, más mago. Sin duda, algo o mucho influirá la luz de Alicia, alma y corazón de una de las tiendas de comic más bonitas de España. Tenía mucho interés en escuchar, en la Feria del Libro, el diálogo de Benavides con el poeta Víctor. M. Díez, acerca del Cancionero y Romancero de Ausencias, que el primero acaba de ilustrar, para Reino de Cordelia, en edición de Luis Alberto de Cuenca. Díez hizo una conmovedora lectura de Guerra, y Benavides volvió a demostrar que ilustrar es pensar, sin que por el camino se pierdan sentimiento y autenticidad. ¿No es misteriosa la buena magia? Compré el libro y se lo llevé para que me lo dedicase; en el trayecto de la caseta a la carpa decidí que se lo firmara a mi hijo, porque, por sus poemas y por sus ilustraciones, es libro del combate que no cesa. Y ahora por su dedicatoria. Físicamente, Benavides tiene algo de Bruce Springteen a punto de cantar Jersey Girl, pero también de Philip Marlowe distópico. Gran trabajador, andante y pensante; le interesa la reflexión sobre el proceso creativo, el propio y el ajeno, pero lo hace siempre sin dogmatizar. Su último trabajo es una maravilla, otra más, porque la poesía solo puede ser ilustrada desde lo poético; y este leonés es excelente poeta, solidario con el sufrimiento y con las lágrimas del mundo. Una edición de Cancionero y Romancero de Ausencias para leer y mirar; con ilustraciones estructuradas sobre vida, amor y muerte. Y qué estupenda introducción de Luis Alberto de Cuenca. Pobre Miguel, poeta del pueblo, muerto en plena juventud, de tuberculosis y en una prisión franquista. No se murió, le dejaron morir. Dime, España, ¿has aprendido ya a percibir el oro en un corazón humano? León fue y es tierra de extraordinarios ilustradores, pero la explicación a esto se merece otra columna. Nuestro mago lo ha vuelto a lograr, ahora con su mágica interpretación de la poesía de un orielano universal. Toño, arte que no cesa.