La estampita: la mala fe no pasa de moda
En pleno 2026, los estafadores profesionales siguen recorriendo calles y cafeterías con la misma vieja estampita plastificada que vale menos que un café. Saben perfectamente que es falsa, pero eso no les impide montar el espectáculo: voz temblorosa, mirada de víctima y el dramón del familiar enfermo o la urgencia desesperada. No es improvisación ni necesidad. Es un negocio calculado, con guion y compinches, que explota con frialdad la combinación de compasión, codicia y vanidad del ciudadano. Y lo más llamativo es que, a pesar de los móviles, las búsquedas inversas y la información al alcance de la mano, todavía hay quien cae.