al trasluz
El leonés alegre
El leonés Armando Miguélez ha pasado 50 años yendo y viniendo de Estados Unidos, donde ha enseñado literatura, en diversos campus. A sus 74 años «y medio», aún genera energía como para despeinar a los presidentes del monte Rushmore. Energía buena, pues también las hay malas. Transmite alegría y su jubilación es dinámica. Nos hemos conocido personalmente ante sendos chocolates con churros; conversamos de chicanos, peregrinos, literatura, amigos y conocidos comunes —Víctor Fuentes, Margarita Merino, Germán Gullón— , migrantes, racismo, dignidad humana… y del simposio internacional «Camino y Patrimonio. Andar y ver», en cuya organización colabora —con Promonumenta, la Asociación de Estudios Hispanoestadounidenses— , que tendrá lugar en León y en Astorga, los días 18 y 19 de junio, con destacados expertos; entre ellos, él mismo. Lleva a México en el corazón y es especialista en el cuento chicano; por ello, en Villoria de Órbigo, donde vive, está el Consulado Honorífico de Atzlán —ciudad azteca inexistente-; y con placa en la calle, para que sea encontrado. Oriundo de Santibáñez de Ia Isla, lleva décadas proclamando la importancia de lo hispano. Con contagioso vitalismo, corre tras la alegría y la alcanza, pero enseguida la reparte generosamente. Está casado con Cinthya Giambrino Day, de Michigan: tienen dos hijas y un hijo, más cinco nietos. Todos viven en Villoria. Miguélez es un eficaz inagotable, pero esa mañana nuestro chocolate y nuestro tiempo eran finitos.
De camino a casa, me paró un amable desconocido: «En este momento, estaba preguntándome si le habría llegado mi correo electrónico, con una selección de citas del Quijote». No. Lo habrá remitido a algún lugar de La Mancha, dije. Y le di el bueno. Ya llegó, gracias mil, son estupendas. León propicia encuentros y reencuentros, he de proponerle a Miguélez fundar aquí el Consulado Honorífico de Barataria.
Caminar y ver… volar y sonreír… siempre volver. Una mirada solidaria convierte todo en patrimonio vivo. Buen simposio, ponentes. Por cierto, hay que lograr que la RAE elimine de su diccionario la voz churro como acepción de chapuza. No lo es. ¿Y si lo convertimos en la primera misión de nuestro Consulado Honorífico de Barataria?