Diario de León

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Cúanta perplejidad viendo a todos tan contentos con lo que ha venido diciendo en su visita el papa León XIV (León XIV-Castilla Cero, dice nuestro tonto a las tres). Todos. No es normal tanta unanimidad en un país al que le viene de lejos ser más papista que el papa. Ni siquiera Abascal, tan feliz con el mensaje antiabortista, le ha puesto especial reparo a su diáfana defensa de la dignidad del emigrante («aunque a quien entra ilegalmente en el estado vaticano le hacen juicio o le meten en la cárcel», dijo para que se le viera al menos un poco su orejita papista; no pudo contenerse). Feijóo, encantado; «lo asumo todo», dijo con semblante seminarista. Sánchez, agradecido por desviar el foco que tanto acapara él. La Miriam Nogueras, aprovechando para practicar su inglés tan antiespañol. Rufián, tragando y saludando, que también en Esquerra hay votantes de comunión diaria. Ayuso, con ganas de vestirse de blanco por la prerrogativa que autoriza a ello a las reinas españolas (¿acaso no lo es ella de estos mares de interior?). Los cardenales, con cara de obispos pascuales pasando de puntillas sobre los lodos que vienen de los polvos pederastas. Marlaska, con cara de cardenal cumplido tras pagar las horas extras a los miles de policías que han cuidado de que no haya un solo incidente y, así, pueda volver el papa a Roma con cara de haber ganado la Champions con un golazo superlativo en el Bernabeu. Todos contentos. Todos con su sardina (o sardana) arrimándole las ascuas que sobran en la hoguera retórica de un papa que se hizo cercano sobrellevando las penalidades de tantísimo coñazo de visita tan larga y dispersa. León XIV ha hecho amigos aquí. Y en todo caso, no ha hecho enemigos. Ni siquiera se oyó una queja o una voz contraria de la España laica, atea o anticlerical que pudo manifestarse —y no lo hizo— por convertir el Congreso de los Diputados, templo de la soberanía popular, en otra iglesia más (así lo dijo la Belarra sin llegar su eco más allá de la solapa de quien le arrimó micrófono). Le ha ido bien a Robert Prevost en este partido de ida. Volverá a un Xacobeo. No el del próximo año. Será el de 2032. Aquí se sintió en casa.

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