Diario de León

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Cuando Zapatero estrenaba sus pasos estadistas en La Moncloa —hace 22 años, ¡cuánto ha!-, le aconsejábamos en esta misma columna seguir «ad pedem literae» la vieja y astuta ley para tener éxito en esta vida y salir indemne de sus vueltas y avatares: «Pisada de buey, ojo de halcón, diente de lobo... y hacerse el bobo»... En lo de pisar lento y aplomado como hacen los bueyes no pareció muy cumplidor, calzaba prisas por colar sus pasos en los inéditos campos vírgenes de la gloria transitoria o bien ganada legalizando el matrimonio igualitario, aprobando la ley de dependencia, la ley contra la violencia de género, la paridad y el gobierno paritario, la memoria histórica, el divorcio exprés... si se le añade el haber materializado el fin de Eta (si es que de verdad murió y no anda en siesta sabática), obsérvese la merecida altura del pedestal al que pudo subirse rentabilizando sus ocho años de presidente de Gobierno ab riendo panorama ante sus ojos de halcón y, por tanto, su alargada localización de presas y áreas de caza o influencia (de Venezuela a China, por ejemplo, curveando por el camino). Después está lo del diente de lobo, que no sólo es el que muerde, sino que también desgarra y no se conforma con una sola presa pidiendio más y enlobeciendo. Hagan repaso de los mordiscos en los cadriles a Felipe González o Alfonso Guerra; en el culo de Bono, de Rodríguez Ibarra o de Nicolás Redondo; o recuérdese cuando se hizo con la taifa socialista leonesa y orilló con dentellada a viejas glorias y a quienes no necesitaban la política para vivir. Pero en lo que sí parece haberse esmerado es en lo de hacerse el bobo. No sabe lo que es un programa excel ni un teléfono prepago ni maquetar unos folios ni poner un guasap... no vio, no participó, no recuerda, no conoce, no firmó, no encargó... La tonta del bote no sería más inocentemente inocente que él. Pero el juez Calama no puede creerle... y si él se hace el bobo, llama a capítulo a todos los listos que le hacían guardia alrededor, desde el íntimo Julito a las propias hijas. Quizá debimos aconsejarle el lema oficioso de la Guardia Civil: «Paso corto, vista larga y mala hostia».

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