Diario de León

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Juliette de Robersart, escritora belga, tras comer en una venta en Villafranca del Bierzo en 1876, dijo que «el chocolate español es delicioso». ¿Qué pasó para que siglo y medio después cambiaran las tornas y sean los españoles quienes idolatran el chocolate belga?... Ricardo Becerro de Bengoa, escritor y político alavés, escribía en 1880 viendo la feracidad agraria del Bierzo: «El cultivo que tendría aquí gran desarrollo, si no hubiera pereza y egoísmo, sería el del olivo, hoy casi completamente abandonado». ¿Qué pasó para que se tardara más de un siglo en hacerle caso y, aún así, el olivo sólo vuelve en balbuceos como hoy algunos valientes intentan?...

Alecciona mirar a quien nos miró y describió. Lo hago estos días avanzando páginas de «León en los viajeros» (Javier García Prieto y Roberto Escudero, Lobo Sapiens), un retablo con ojos de otros, de la mucha gente que cruzó esta tierra, trescientos extranjeros o compatriotas contando lo que vieron, asombrándose a menudo o con su decepción al hilo, fedatarios al fin. No aconsejo mejor lectura para este verano. Y vuelva Estrabón a retratarnos como hace dos mil años: «Se alimentan de bellotas de encina dejándolas secar, moliéndolas y haciendo con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que les llega lo consumen pronto en festines con parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Se sientan en orden a edad y rango pasándose los manjares en corro. Tienen cierta rudeza en las costumbres, pero no son salvajes, aunque las mujeres, apenas han dado a luz, ceden el lecho al marido que recibe la atenciones y cuidados» («la covada», costumbre que pervivió entre maragatos). Y una perla: los meses de 1937-38 que pasa Camilo José Cela en La Vecilla parapetado contra la tuberculosis y relatando las bestiales comidas con las que restaura su salud (debo la vida a aquella barbaridad) en la fonda del falangista Ricardón (desayunaba tres huevos fritos con panceta, morcilla o chorizo, papas de maíz con un dedo de azúcar, dos tazones de leche y 15 o 20 galletas Artiach... ¿quién dijo hambre en esa Guerra Civil si sabía uno arrimarse?...).

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