Diario de León

Al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Ganó la bondad

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Llegué con minutos de anticipación a la misa del pasado domingo por la tarde, y me llamó la atención un hombre arrodillado en la última fila, vestido con camiseta roja y bermudas. Algo me dijo que no estaba pidiendo que ganase Argentina. Se incorporó y ya permaneció toda e oficio de pie, cerca de la puerta y sin dejar en ningún momento de mirar el móvil. ¿Por qué fue, entonces?, cabe preguntar. Quizá, se dijo: «A ver si pierden por no haber ido yo». Un fiel es un fiel, aunque sea impaciente. A mí me arrancó una sonrisa, y no creo que lo suyo fuese falta de respeto. Estaba expectante, eso es todo, y ya no podía más. Si en ese momento unos ángeles con trompetas anuncian el fin del mundo… les exige el libro de reclamaciones. No sabemos pedir lo que nos conviene, se nos argumentó en la homilía, siguiendo a san Pablo. Cierto, no sabemos. Pero también Cristo dijo pedid y se os dará. Sin duda, en su rezo nuestro paisano pidió, y no hay que ser Nostradamus para adivinar el qué. ¡Mira que si la copa se la debamos a un paisano de León! Pero supongo que fueron tanto los españoles que pidieron lo mismo que la red celestial estuvo bloqueada por sobrecarga. Además, desde Argentina también pedirían otro tanto, pero al revés. A veces ganas, a veces pierdes; y en ambos casos importa el cómo.

Ahora entendemos mejor a qué se refería Luis de la Fuente, seleccionador y creyente, al proclamar su confianza en la bondad como virtud deportiva: esta saca lo mejor de un equipo. Lo hizo con la Roja. Más aún: los mayores sabemos que la alegría que hoy sienten niños y jóvenes no será efímera: un día, cuando nosotros ya no estemos, esa gran victoria de nuestro equipo la asociarán también a sus seres queridos. Una admirable selección a la que un admirable seleccionador no solo sacó excelencia deportiva sino humana. Y es que el corazón también juega. Sí, ganó la bondad. Jugaron como buenos, y después — ya ganadores— se siguieron comportando como tales. Ejemplo de conducta.

Es posible que ayer el señor de la camiseta en misa se duchara con el móvil, o lo mojó en el café creyendo que era el bizcocho. No importa. A veces ganas, a veces pierdes. Y nada hay más bello y duradero que una victoria colectiva de la bondad.

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