Diario de León

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Amargo traguito padentro se ha dado Isabel Ayuso humillando pendón y reclamando ayuda y «emergencia nacional» al gobierno desorejado de Sánchez. Óscar Puente señaló su falta de inversión pública. Ella le llama mamarracho y él se dobla: «si hay una mamarracha en España, esa eres tú», mientras una orgía de llamas sigue asolando Madrid. ¡Que venga el Estado comunista bolivariano con sus mangueras a contener el infierno!, lo exige la realidad, no ella, dice, obligada a firmar la petición de auxilio. Y arde media España adelantándose el fuego de más adelante como si tuviera prisa por reventar récords. ¿Pero no estábamos ya aprendidos y escarmentados?... ¿no teníamos más medios?...

Y desde una Europa que también arde, desde Bélgica en concreto, llama un Puigdemont nervioso y expectante a los paladines que pleitean su amnistía ante la Corte: ¿Arde Madrid?... Sí, le contestan, pero no por donde nos gustaría; arden montes y vecindades lejos de la ciudad que ardió de gozo el otro día con dos millones de gentes echadas a la calle celebrando el triunfo de la selección de la puta España, lo sentimos, molt honorable president, puta España. Y con lo suyo, ¡paciencia y a barajar!...

Arde la sopa cerebral del machismo cuchillero que en un sólo día dejó cuatro mujeres muertas, ¿amor canalla?, quien bien te quiere ¿con sangre besa?, ¿«más que ayer, pero menos que mañana»?. Y ardieron las ganas violadoras. Tras el triunfo de la selección aumentaron un 120% las denuncias por violencia sexual (ahí va el borracho insolente y de guantazo cantando esa copla asturiana que hicieron tan popular: «pa calentar les muyeres ya nun fai falta carbón, se calienten elles soles viendo xugar al balón»).

Y en las tinieblas exteriores calienta la caldera de Pedro Botero con leña de sándalo para perfumar la presunción de inocencia de un Zapatero que él solito se ha puesto de pie ante ella como ignorando que tan sólo le resta un empujoncito, mientras arquea las cejas y su viejo y resultón argumento izando la barbilla en compostura de dignidad intachable. Al final, mirará airado al tribunal: ¡condenáis a un arcángel de la democracia!....

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