AL TRASLUZ
Perseidas en el rostro
El miércoles del eclipse, mi mañana empezó muy bien: tras meses de trabajo, vi luz a lo largo del túnel de mi ponencia sobre el humor cervantino. Por supuesto, esta no entra en el recibo convencional y he de devolverla en el resultado, como el pintor debe hacerlo en lo que pinta, el músico en lo que toca, el investigador en lo que investiga. Gran tranquilidad es llegar a la página nueve de diez. El día siguió su feliz curso. Nuestro coche petó. Y qué, también nosotros petaremos, ¿no? Por la tarde, me entró un mensaje de Fernando Criado: Cervantes con 13 años vivió un eclipse total, el 21 de agosto de 1560. Y me recuerda que en el Quijote el alcalaíno puso en boca de Sancho: «Dios sabe lo que será, de aquí a mañana hay mucho día… y más de un eclipse hay en el mundo». Pero servidor, desde la tele. Me fío del hermano sol y de la hermana luna, ya menos de los hermanos terrícolas. Según pude observar en especiales, junto al sano disfrute colectivo, no pocos hombres, mujeres y niños se quitaban las gafas para observar el sol, o había incluso quienes ni siquiera las llevaban. Quisiera equivocarme, pero me temo que no habrá oftalmólogos para tanta mácula dañada. Si los extraterrestres convocasen en Villaquilambre a toda la Humanidad, para revelarnos aquello que Spielberg se ha callado en su última película, tampoco iría. Si los científicos nos recalcasen: «Son muy majos, pero que nadie diga en su presencia la palabra croqueta, pues en marciano es la más ofensiva», pues aún habría quienes para agasajarlos fuesen con la tartera repleta de ellas. Somos la repera cósmica. No le resto belleza ni interés al eclipse, pero me apabulla el bullicio. Eso sí, en la ducha copleo «Al sol le llaman Lorenzo/ y a la luna, Catalina».
Tras el eclipse, escuché entrañables declaraciones de Sara y de Pablo, nuestros astronautas leoneses. Ambos, tienen siempre perseidas en el rostro; llamadas también lágrimas de San Lorenzo, pero las de nuestros paisanos son de innata alegría.
Recibo de Ramiro Pinto una fotografía obtenida en el Museo del Botijo, en Toral de los Guzmanes: un don Quijote con pitorro. Buen souvenir para extraterrestres, mejor que el manido llavero. Ah. la vida.