Diario de León
El presidente de JxCat, Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa tras una reunión extraordinaria de la dirección del partido en Perpinya (Francia) por

El presidente de JxCat, Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa tras una reunión extraordinaria de la dirección del partido en Perpinya (Francia) por "la situación de colapso" que atraviesa Cataluña. EFE/David Borrat.

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Pensaba que mi antipatía por los representantes de Junts estaba en el máximo, pero no, lo negativo casi siempre admite aumentos. Con su votación en contra del primer decreto de vivienda, nada radical y asumible, Junts reafirma que es muy de derechas y que los problemas de los ciudadanos le importan un bledo en contraposición al ‘negoci’. Sus nacionalistas deben de ser pudientes y bien techados, o quizá los han perdido. Ahora, con el retorno de Puigdemont (buen título para peli con monstruo de serie C, de Catalunya, ‘per descomptat’), estaría bien una versión catalufa de la familia Addams, dirigida por John Waters en clave bizarra (acepción de extravagante), con Puigdemont como Gómez, Miriam Nogueras (la de la inquietante mirada expresionista) como Morticia, Jordi Turull el mayordomo y para La Cosa, la mano semoviente, la incorrupta de Marta Ferrusola extendida en gesto de pedir.

El merodeo de Puigdemont me hace recordar la Ley orgánica de amnistía de 2024. En su día escribí al respecto en una columna de opinión que me parecía una vulneración de la igualdad ante la ley y una maniobra de Pedro Sánchez para asegurarse la investidura, y que como socialista me avergonzaba. Y así fue; incluso más que las corrupciones de importantes cargos que revelaron (presuntos y ya no) su baja estofa. Soy partidario de este adelanto electoral, pero no de que repita como candidato el presidente Sánchez.

Junts, con su no a los decretos, se ha alineado así con ese paredón sin fisuras que suman PP y Vox formando una derechísima. Dicen los reaccionarios que la izquierda ya no puede agitar el espantajo del miedo al coco de la extrema derecha. Tienen razón, porque me da el mismo miedo ese PP mimetizado o confundido con lo ultra. Por supuesto que a quienes no somos de su cuerda nos dan miedo, mucho miedo; votaría al diablo si es preciso para no ver en el Gobierno a Abascal o al repelente Figaredo, entre otros. Feijóo es tan difuso que me cuesta distinguirlo entre su propia neblina. Una mayoría absoluta de PP y Vox llevaría a España a una involución social y política, a un retroceso del país con recortes de todo tipo.

Ya ven los jóvenes con problemas de vivienda, que son la mayoría, cuáles son los planes de la derecha para mejorar la situación y aminorar el problema con medidas legales que frenen la especulación: ninguna. Que no se abstengan y opongan sus votos a esa catastrófica vía libre al atropello que brinda la derecha. Y los propietarios de pisos no tendrán motivos para temer impagos si las condiciones de arrendamiento no aumentan de modos arbitrarios y abusivos. La gran mayoría de inquilinos quiere vivir en paz haciendo frente al alquiler que se ha comprometido a pagar porque puede hacerlo.

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