Diario de León

EL MIRADOR

J. R. Alonso de la Torre

Galletas de algarrobo

Archivo - Dos abuelos pasean con su nieta en Valladolid.

Archivo - Dos abuelos pasean con su nieta en Valladolid.EUROPA PRESS - Archivo

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Los abuelos vivimos maniatados por las normas. Dicen que somos boomers, pero en realidad somos sándwichs: en la rebanada superior, nuestros padres demandando atenciones, y en la rebanada inferior, nuestros hijos exigiendo colaboración. Lo de los padres lo asumo. Es verdad que dependen tanto de nosotros que no podemos planificar ni un miserable viaje del Imserso, pero, al menos, no imponen normas y podemos comer lo que queramos y hacer scroll infinito en el móvil sin que nos regañen por ser un mal ejemplo.

Pero lo de las nueras es insoportable. Resulta que no solo hay que recoger a la nieta cuando menos te lo esperas porque los padres no pueden y la niña se ha meado, le han dado con un palo en la nariz o tose fieramente, sino que después llegan las extraescolares, ese sinvivir de bádminton a las cuatro, patinaje a las cinco y danzas regionales tras la merienda. ¡Ay, la merienda! Nada de azúcar, nada de grasas, nada de chuches. Ni helados, ni chocolate, ni gusanitos. Y no rechistes porque tu nuera te monta un numerito nutricional que se te quita el hambre para los restos. Si es que mi mujer ha acabado haciendo galletas de algarrobo sin azúcar para mi nieta. ¡Algarrobo! ¿Dónde se ha visto tamaña sosería? La pobre niña creía que eran de chocolate y teníamos que engañarla y ratificar su ilusa equivocación. Hasta que nos hemos rebelado y hemos pasado a la clandestinidad. Desde hace unas semanas, le damos cornetes de caramelo, bizcochos rellenos de crema y chucherías divertidas: rellepicas, regalices, espumitas. Eso sí, seguimos engañándola y le decimos que son de tofu, de trigo sarraceno, de boniato. Así, su madre contenta, nosotros encantados y la niña, feliz.

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