¿De verdad?...

Despertó vivo interés el revelador reportaje que firmó en este periódico Cristina Fanjul sobre los expolios que ha sufrido el patrimonio artístico e histórico de León. La relación se hace inacabable y vergonzante a más y no poder desde el saqueo al malvender, del abandono a la codicia, desde el ladroneo a la complicidad. Y a la francesada bonapartista le cae buena culpa y también sambenito, expoliaron a mano salva, sin duda; saquear iba en su prioridad militar, licencia soldadesca para el robo y pillaje a troche. Se dice en ese reporte que salieron de la ciudad León —en especial de la colegiata de San Isidoro— 40 carretas cargadas de pinturas, joyas, tallas, óleos, marfiles... La cifra suena tremenda, mucha carreta parece. ¿Se exageró para engordar la rabia popular?, y aún más si se añadía el infundio de que los franceses se llevaron todas las estatuas de la fachada de San Marcos cuyos nichos estuvieron siempre vacíos por no recibir jamás las esculturas originalmente planteadas, haciendo así legítima la falsa noticia que agrandó la codicia y el odio al gabacho entonces, aunque aún se oye hoy: ¡se las llevó el ejército de Napoleón, el puto francés!...
Sin embargo, de la misma forma que la historia que escribe el vencedor se plaga de mentiras gloriosas, la que escribe el perdedor también pide trola bendita o cuento, pues apunta un bisnieto de Pero Grullo, Honorato Lavid, doctor en Historia por La Chupona que él llama La Sorbona, que no pudieron llevarse tanto si dejaron tantísimo que hoy admiramos; y que si los canónigos, previendo el expolio, pusieron a salvo o escondieron parte de ese tesoro cuando la tropa francesa ocupó San Isidoro profanando y desvalijando los sepulcros del Panteón Real convirtiéndolos en pesebres (¿abrevaderos?), ¿quién puede asegurar que algunas piezas escondidas no retornaran a su lugar y que alguno se las quedara o vendiera después teniendo la gran coartada de haber sido saqueadas por aquella tropa de dragones?... ¿quién demuestra que no hubo quien pescó en aquella confusión trincando códices, fundiendo metal precioso o desengastando pedrería?... A Honorato le gusta bailar dudas.