Diario de León
Publicado por
JUAN PEDRO MARTINEZ BASTIDA
León

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Navegar con el viento en popa sin rumbo, está al alcance de cualquier grumete. Solo tiene que tumbarse y dejar que la brisa lo transporte. En estas circunstancias: empopado, a "orejas de burro", no se necesitan ni conocimientos ni dotación, puedes cargar el barco de panolis sin más oficio que posar, tomar el sol, comprarse modelitos y hojear el Vogue. Con la mar en calma cualquier puerto es bueno, la travesía cómoda, sin maniobra que haga sangrar las manos de los tripulantes que vitorean y adulan al bisoño timonel haciéndole creer que es un buen patrón. Un mal día, el mar deja de ser de juguete, el viento no lo arrulla, las olas empiezan a enseñarle el flequillo, el cielo se oscurece. El temporal está servido, ya no vale tumbarse en las hamacas y embadurnase de cremas antiarrugas. Hay que arranchar a "son de mar" y gobernar el barco, -arría el foque-, -¿el qué?- le preguntarán al grumetillo, -coge rizos a la mayor-, otra vez le volverán a preguntar, -¿cómo?- al poco, todos se darán cuenta de que la nave no tiene rumbo, que el temporal la mueve a su antojo, por más que se empeñe, el grumete no puede ser capitán. Para mayor desgracia de los pasajeros, la cigarra, cansada de que las hormigas le afearan la conducta, ha ido tirando por la borda a todos los marineros, solo se han salvado los aduladores, los obedientes, los que no podían hacerle sombra, los de la cla y estos solo valen para que los empope una suave brisa. Los pasajeros lo tenemos difícil, muy difícil, la situación es grave y a pesar de que algún sabiondo desde su pesebre, intenta sin éxito, aplicar alguna de sus obsoletas maniobras, la nave sigue al garete. Solo se me ocurre invocar a Neptuno y rogarle que al grito de: "...a tus zapatos" consiga que el paje le ceda el timón a un capitán zurdo que enrole una buena tripulación y nos lleve a puerto.

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