FACHADA
Estamos escuchando diariamente los discursos de los responsables de los diferntes gobiernos y son solo pura fachada. Palabras y más palabras llenas de buenas intenciones, pero sin apenas contenido. Se apropian de la bandera solidaria, pero que cuando uno observa la principal ley que elaboran anualmente nuestros políticos, que son los presupuestos, esa bandera es pura hipocresía. Lo que se trata es de confundir al ciudadano con juegos de palabras y proyectos ilusionantes que buscan un fin, desviar la atención de lo que en realidad está sucediendo. La crisis económica que nos golpea, cada vez con más intensidad, esta demostrando que los mecanismos de defensa que tenemos para hacer frente a las dificultades que nos acechan no son los más adecuados y como consecuencia es claro que debería realizarse una profunda reforma. Digo reforma y no maquillaje ya que éste siempre acaba por desprenderse y por tanto vuelve a salir a la luz los defectos que se querían esconder. El desempleo está castigando a la sociedad haciendo que la parálisis se apodere de todos, lo que demuestra frente a otros países de la eurozona que el mercado laboral necesita una edecuación a los tiempos. La rigidez de dicho mercado paraliza las contrataciones. Ante todo ello el estado se muestra lento en introducir las reformas necesarias para flexibilizar el mercado. El discurso demagogico, del Gobierno de la nación, tratando de protejer a las clases más necesitadas, está cosechando el efecto contrario. Su actitud ante la crisis está impidiendo que la sociedad emerja de la crisis. Es una muestra clara de debilidad que perjudica a todos. Es incapaz de superar los complejos de la izquierda trasnochada y carente de nuevas sensibilidades. Tenemos un gobierno que está atrapado por sus complejos y secuestrado por su ideología lo cual hace que nuestro país se encuentre en una situación muy preocupante. Las reformas, que debemos llevar a cabo para comenzar a salir del pozo en el que nos encontramos sufren un continuo retraso. Ello es motivo por el cual nos resta credibilidad como país, generando de esta manera un clima de desconfianza que hace más dificil emerger de la crisis. El estado de bien estar debe experimentar una transformación para ser adaptado a los nuevos tiempos que se avecinan. Es necesario llevar a cabo una reorientación de determinados derechos para adecuarlos a la realidad. El capitán del barco que no es otro que el gobierno de la nación, está llevando a este barco que es España a la deriva y que no parece tener nada más que una solución cambiar al capitán, que equivale al adelanto electoral.