León: el reencuentro
Hasta hace poco, mi relación personal con León fue circunstancial e irregular. Visité por primera vez estas tierras en 1980, con motivo de la mili. Recuerdo vívamente el primer encuentro: mes de enero, El Ferral, frío intenso (-15º), aire seco y poca simpatía hacia mi origen catalán. Como muestra de bienvenida, a catalanes y vascos nos mandaron directamente a limpiar letrinas. Finalizada la mili, no volví a pisar tierras leonesas en unos 30 años, hasta que, casualidades de la vida, emparenté con una persona criada en Cataluña, pero nacida en un pequeño pueblo de El Bierzo. El caso es que hace unos cinco años volví por estos lares, no ya como obligado recluta, sino como visitante. Así pues, le he pillado cierto gusto a eso de patearme El Bierzo. No soy un experto, pero diría que conozco razonablemente Cacabelos, Camponaraya, Villafranca, Ponferrada, Balboa, Canedo…Y también pequeñas joyas como Burbia o Peñalba de Santiago. Sin duda alguna, esta comarca es un tesoro que no sólo ofrece excelente gastronomía y buenos vinos, sino un patrimonio arquitectónico único que considero debería ser protegido a toda costa. Si se me permite una breve crítica constructiva, diré que he visto muchas casas tradicionales vacías o medio derruidas, y al mismo tiempo nuevas edificaciones al uso que podríamos encontrar en cualquier lugar de España. Salvo casos dignos de mención, me he dado cuenta que la cultura de la restauración no está muy arraigada en León. Creo que la administración debería proteger y promover mucho más la rehabilitación y el mantenimiento de la arquitectura tradicional leonesa, ya que se trata de uno de los mayores atractivos de esta comunidad.