Diario de León

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El conflicto del exceso de legislación y el constante incremento de las previsiones en la gestión administrativa para las empresas es conocido. Pero parece que ninguna institución con competencias está dispuesta a invertir las tendencias. Llevamos décadas, literalmente, oyendo hablar de una ventanilla única y de una clarificación esquemática para no perjudicar a las pequeñas sociedades y autónomos, que son la base de la economía y del empleo en España.

Lamentablemente se incluyen cada vez más una serie de condicionantes para la actividad diaria que complican las cosas en grado extremo. Bajo premisas que en principio serían positivas, como el control de los horarios de los trabajadores para evitar los abusos de los empleadores, se asfixia a los pequeños emprendedores al someterlos a premisas que serían más factibles en grandes centros de trabajo pero no tanto en lugares con unas limitaciones máximas de posibilidades de gestión. Desde esta semana se convierte en obligatoria la previsión de que sea digital el sistema de control horario que se implantó en 2019. Pero todo se emborrona con plazos cambiantes, amenazas de multas y unas posibilidades limitadas para entender, aplicar y transformar los sistemas en decenas de miles de pequeñas sociedades.

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