sábado 23/10/21

El sofá y la batalla

El gran protagonista de esta pandemia, digan lo que digan los telediarios, no es el virus, ni las vacunas, ni lo hostelero o turístico yéndose al tacho, ni Salvador Illa o Fernando Simón en el papel de estrellas secundarias. El verdadero asunto al que todo confluye en confinamientos y quieto parao es el sofá, epicentro de cada casa que nunca antes fue tan demandado y disputado, sobre todo donde hay más culos que asiento mullido. El sofá, heredero de aquel escaño de madera más duro que un banco de iglesia, siempre será un campo de batalla donde se empieza con dardos y reburdies del mal acomodado y se pasan después al furioso arrímate pallá, al estaba yo primero o vete a la mierda, papá, que te espatarras y acaparas todos los cojines.

Más encarnizada es la batalla por el telemando para huir de la realidad pidiendo asilo en fantasíasen. Nunca antes se vio tanta televisión como en todos estos largos meses de aburrimiento tendido... en el sofá. Nunca hay acuerdo en qué elegir porquen en el escaparate de cadenas que crece en vasto y basto y, encima, las nuevas series de plataforma campan junto a la teleñoña o telejaviera, también epidemia, eterna en este caso. Y menos mal que en toda casa hay más de una tele o un ordenata escupiendo pelis o el tiruliru de los chavales, su república independiente para ver en miniatura lo que les salga del pitochocho... y se petan ahí esperando asaltar la pantalla grande del salón al mínimo descuido. Y guerra de nuevo.

Los índices de violencia y delincuencia han descendido en la ciudad -normal, vacía va-, pero poquito se habla de que esa criminalidad se refugia también en las casas, donde todos. Lo confirma la considerable subida del crimen machista contra la mujer, de violencia sexual a menores familiares... o discusiones furiosas por cualquier quisicosa que acaban con los sesos de alguien por la pared. Pero esté tranquila la conciencia ciudadana y el ojo que no ve; de la inmensa mayoría ni sabremos; son horrores que no suelen pasar de la puerta porque fuera ven la deshonra... y mejor seguir deshonrándose dentro.

El sofá y la batalla
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