sábado 27/2/21

Un tilo, una escuela

Hasta los años 30 Caín no tuvo escuela y los cuarenta críos del pueblo -descalzos por lo común, solo dos o tres gastaban alpargatas que aquel suelo de grijo y barro devoraba en dos semanas- asistían a clase bajo un gran tilo, siempre y cuando no lloviera o nevara, inclemencias que lógicamente la chavalería festejaba... aula abierta en la que tampoco había maestro titular, siendo el cura el habilitado para desasnar a la caterva infantil con la ayuda de un sutil argumento pedagógico: una vara de acebo que restallaba contra la sotana advirtiendo de su calibre tras silbar cortando el aire.

No hay mejor bóveda para una escuela que la arboladura de un tilo en Caín o un baobab en Tanzania donde andar con la mente a pájaros es más que una metáfora. Ya el socialismo utópico francés -que se adelantó a Marx germinando en la primera mitad del siglo XIX con Fourier de guión y entre ellos la francesa-peruana Flora Tristán (Flora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso Lesnais)- preconizaba la enseñanza al aire libre, entendiendo que las aulas sólo eran oportunas cuando el mal tiempo impidiera los garbeos educativos por la naturaleza, la vida y los trabajos (además de letras, el niño debería aprender oficios o conocerlos porque «a quien nada sabe cualquiera lo engaña, pero a quien nada tiene cualquiera lo compra»). Difunta aquella utopía, no es paradójico que resucite hoy al proponer de nuevo gente experta la enseñanza en parques y espacios abiertos donde corre el aire que barre gusarapos invisibles tras matricularse en las aulas un virus que trastoca rutinas y normalidades, saludable propuesta que choca, sin embargo, con una realidad burocrática y operativa que hace improbable su ensayo: el propio clima, la escandalosa falta de personal docente, la responsabilidad y seguridad encalomada a los profesores al ser una actividad extraescolar que requiere la autorización de los padres, la falta de parques para todos... ¿y en pabellones deportivos de los propios centros para posibilitar una más nutrida actividad presencial?, ¿cabría entoldar los patios?...

Un tilo, una escuela
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