Gracias Elvis
Al trasluz | eduardo aguirre
Me encuentro con un amigo y me suelta de sopetón: «Esta crisis sólo se arregla con una invasión alienígena». ¿Has visto demasiadas veces «Avatar»?, le pregunté. Pero no se trataba de un empacho de ciencia ficción, sino de problemas, de preocupaciones objetivas. Insistió en que no veía más solución que ser colonizados por una civilización extraterrestre que nos enseñase a mejorar, empezando todos desde cero, como párvulos en condición humana. Aunque razón no le faltaba en que no estamos como para tirar cohetes, sino para que vengan en uno a nuestro rescate, me acordé de un vitalista gospel de Elvis, quien hace días hubiera cumplido 75 años: «Shake a hand» («Estrecha una mano»), y además de estrechársela le di un gran abrazo, porque en las dificultades se agradece la propina. «Estrecha la mano/ voy a compartir tus problemas contigo», cantaba el Rey. La amistad, como el amor, se rige por constituciones que no necesitan ser refrendadas por ningún parlamento, y saqué del invisible arcón un argumento irrefutable: «Tienes razón, a esta sociedad le vendría bien un repaso alienígena, vuelta y vuelta, pero estos señores tan amables pueden esperar unos siglos, a ellos qué más le da, para introducirnos el tentáculo». Nos reímos. A veces, no es necesario haber escuchado antes la canción para conocer el estribillo: Estrecha la mano/ Ya he dicho todo lo que tenía que decir/ Salvo que no te olvides de rezar. Días después, volví a encontrármelo y le pregunté por la invasión de aliens con vocación didáctica, pero su ánimo ya andaba por derroteros más terrícolas y animosos. Y nos despedimos entre bromas, porque así es la vida, aquí y en Marte. Por supuesto, tras estrecharnos las manos. Las grandes canciones casi siempre tienen razón. Gracias, Elvis. ¡Choca esos cinco!