Diario de León
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En blanco | javier tomé

Entre el pulular de pícaros y otras yerbas que adorna el panorama patrio, siempre se consideró a Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal de empresarios, como un hombre de creencias firmes aunque un tanto limitadas, más que nada por su acreditada tendencia a adoctrinar en lo político. Su discurso de integridad a ultranza quedaba un tanto oscurecido cuando los micrófonos le pillaban in fraganti, alabando en público los «cojones», por decirlo en forma fina, de Esperanza Aguirre, más conocida en el mentidero madrileño como doña Bárbarita. Su merecida fama de bocas pasaba a un segundo plano justo en el momento en que le daba por ponerse en plan institucional, guiando a unos y otros por esos senderos de la «conducta honorable» que reclamaba Sócrates. Cada artista necesita su sello y así, bajo la capa de sus pretendidas dotes de eficacia y astucia, don Gerardo se fue ganando la reputación de ser el zorro más listo de la manada.

Convicción que consolidó una vez conocida la infame rapiña de Air Comet, una suerte de chiringuito volátil diseñado al parecer con la intención de poner el cazo y poco más. ¡Cómo sería la empresa que hasta don Gerald, echándole toda la cara del mundo, afirma que él no volaría ni loco en semejante putiferio! En la actualidad, muchos son quienes le consideran un granuja a tiempo completo y con tarjeta de embarque incluida, capaz de dar el palancanazo tanto a sus empleados como a los estafados emigrantes que compraban el billetaje, aunque otras voces más prudentes le sitúan por el momento en la delgada línea que separa la deshonestidad del fraude. Ajeno a la corrala, el patrono sigue terne que terne en la cúpula de la CEOE, mientras los españolitos de a pie debemos de hacernos cargo del barro que ha dejado este falso profeta de los números y los balances contables paticojos. ¡Ay, Señor! Si no es mucho pedir, llévame pronto.

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