Crisis: división en vez de pactos
Crónica semanal manuel campo vidal
Co mo sucede en la desintegración del átomo, hay períodos en los que este país tiende a dividirse y a subdividirse en todos sus niveles y estamentos, dificultando la salida de la crisis. Del Gobierno y la oposición ni hablemos, porque el espectáculo es deprimente y diario. El Parlamento suele ser el escenario de esa tragicomedia. En la patronal, lo mismo: la CEOE por un lado y la Cepyme por otro. En los homenajes de recuerdo a las víctimas de los atentados del 11-M, ya lo vieron el pasado jueves, cada asociación fue por su lado y las autoridades se alinearon con esa división. Y así sucesivamente.
Cada vez más división y más distancia con la opinión pública. Con decir que una de las pocas noticias reconfortantes ha sido esta semana el partido de fútbol gitanos-Guardia Civil celebrado en Madrid, ya está dicho todo. (Por cierto, victoria gitana por ocho a dos y triunfo humorístico del guardia que le dijo a un contrario a pleno pulmón: «Me he quedado con tu cara y la próxima vez que te vea, vas a correr aún más que hoy»).
Gitanos y Guardia Civil por lo visto conviven mejor en Madrid que socialistas y populares y, desde luego, que Esperanza Aguirre y Ruiz Gallardón. La presidenta madrileña echa pulsos simultáneos al alcalde, a Rajoy y últimamente a la vicepresidenta del Gobierno a propósito de la subida del IVA. No conoce el descanso. Ella, Rosa Díez y Joan Laporta ensayan en la política actual, cada cual por su lado, el intento de crear un populismo electoral que les catapulte a la presidencia de los que persiguen, bien sea el PP, Cataluña o la Moncloa.
La vicepresidenta Fernández de la Vega ha salido al paso del desafío de Aguirre acusándola de «deslealtad institucional», «filibusterismo partidario» o «insumisión fiscal», preguntándose si Rajoy apoya o no a la Presidenta madrileña. Rajoy, que no está para menudencias, se limitó a mirar el calendario y a comprobar satisfecho que le faltaba un día menos para lo que espera que sea su entrada en Moncloa.
Entretanto, el Partido Socialista en Andalucía trata de disimular su división y agruparse en torno a Griñán para impedir que Javier Arenas acabe con casi treinta años de hegemonía socialista. Cómo estará la cosa de difícil que hasta Felipe González apareció el viernes inesperadamente por el cónclave andaluz para despedir efusivamente a Manolo Chaves y apuntalar a Griñán. Y hasta se considera la posibilidad de presentar a Alfonso Guerra a la alcaldía de Sevilla porque las encuestas concluyen rotundamente que «hay que sacar la Virgen para que llueva», o darse por perdidos.
Mientras, en Cataluña, el tripartito que encabeza Montilla se calienta los pies con un brasero despues de la nevada que paralizó la Comunidad y que aún tiene sin luz a veinte mil ciudadanos en Girona. Pero la politica se hace con calor o con frío, con sol o con nieve. Y los cortes de luz han servido para volver a pedir la línea de conexión de muy alta tensión con Francia, la denominada MAT, que Iniciativa y Esquerra, socios del tripartito, impiden. Si antes había incertidumbre electoral, despues de la nevada Montilla debe tener el corazón helado.
Los populares hace una semana limpiaron su organización balear de la que esperan que recupere la mayoría absoluta en las elecciones de Mayo del 2011 y trabajan sin conceder ni agua al Gobierno Zapatero que ha aceptado propuestas suyas como la de reducir el IVA a la mitad para la rehabilitación de edificios. Es un paso interesante pero salir de la crisis exige un gran acuerdo nacional y ni oposición, ni patronal, ni sindicatos parecen dispuestos a aceptarlo. Al contrario, cualquier noticia es utilizada para acosar al Gobierno. Léase las críticas al ministro Corbacho por tener un plan de pensiones. Sería bueno conocer cuántos políticos o periodistas que han escrito en su contra no lo tienen, cuando todos los gobiernos, los de Aznar también, animaron a la ciudadanía a ser previsores y suscribir uno, o varios. Y apoyaron medidas fiscales de desgravación para incentivarlos. Pero en la situación actual vale todo. Todo menos los acuerdos, los pactos y el consenso.