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León

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Canto rodado | ana gaitero

Un flamante inmueble de cristal, aluminio y hormigón se erige entre las viviendas sociales de Armunia, en la antigua vega de la presa del Bernesga que atraviesa este pueblo. Sus letras impactan: CIArmunia.

No es que la CIA, ni la TÍA, que sería lo nuestro, vaya a instalarse en Armunia. El CIArmunia se presenta como uno pilares de la revitalización de la zona, un centro cívico con policía incluida, envuelto en arquitectura Berlinale , junto al Palacio de Congresos y el soterramiento de Michaisa. «Es un edificio optimista», asegura el no menos optimista concejal de Urbanismo, Francisco Gutiérrez.

Falta que el plan de uso social y de participación ciudadana del CIArmunia no falle, que se trabaje codo con codo con las entidades e instituciones que ya se dejan la piel por Armunia y que la escuela infantil -”sede del antiguo Ayuntamiento-” se reconstruya y vuelva a llenarse de niños y niñas de toda la ciudad. (Dice el edil que eso está a punto, con ayuda de la Junta, y que pondrá más luz en las farolas, a ver).

Armunia pasó de cabeza de ratón a cola de León tras su anexión a la capital en los años 70. Antes y después no ha hecho más que ceder terreno: Antibióticos, la escuela agrícola, los colegios, el instituto... el centro Don Bosco. Y como colofón: casi 600 viviendas sociales en sus vegas. Un atropello social y urbanístico. El Ceas huyó a un centro aislado del bullicio y forrado de madera, con cita previa.

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Lo llaman barrio marginal. Pero tanta generosidad no se merece un gueto. Armunia es pueblo, barriada y carretera de Zamora. Conserva fértiles huertas -”algunas ávidas de pisos, cuanto más altos, mejor-” los restos de un molino imponente sobre la presa del Bernesga (un espacio natural a recuperar) y cuenta con una Casa de Cultura activa y abierta, pese a sus limitaciones espaciales. Y gente que vale más que votos.