Cuestión de límites
El rincón | manuel alcántara
Se discute cuál será «la recta aplicación de la ley», ya que tiene demasiadas curvas, pero al juez Garzón se la están buscando y se la van a encontrar. Todos sabíamos que era algo petulante y ubicuo, una especie de prima donna de la judicatura con la voz aflautada y una incansable y admirable querencia al proscenio.
Según algunas biografías, más bien hagiografías, veía amanecer porque lo contemplaba o no podía presenciarlo porque estaba trabajando. El amanecer, que dicen que es hermosísimo, debería suceder a unas discretas horas de la tarde, para que no nos lo perdiéramos nadie. Lamentablemente ocurre a unas horas incompatibles para muchos. ¿Quién puede dudar de que el señor Garzón ha sido un adicto al trabajo? Ni siquiera los casi cinco millones de parados pueden ponerlo en duda. Ahora, al hombre más trabajador de España le van a dar una tarea suplementaria: la de defenderse. ¿A quién se le ocurre revisar el pasado inmediato? Para eso están los historiadores del siglo próximo.
El ídolo de cierta afición se ha convertido en un candidato a ocupar el banquillo de ésta, acusado de aplicar la ley antes de que la ley pueda ser aplicada. La gente de la calle, que es la que le trae con cuidado estas cosas, piensa que este vanidoso juez y ejemplar trabajador ha confundido en su insomnio laboral la Geografía con la Historia. Los que le aplaudieron en Chile se lo reprueban en España. El experto en jurisprudencia ha sido poco prudente. No sabe que la Justicia también tiene nacionalidad.