San Glorio
Canto rodado | ana gaitero
El proyecto de desarrollo de San Glorio, prescindiendo de una estación de esquí, que presentaron los ecologistas esta semana demuestra dos cosas: uno, que hay alternativas atractivas y compatibles con el medio ambiente; y dos, que tenemos una clase política que cada día se nos retrata más inútil.
Llevamos años escuchando y leyendo que la única solución para la montaña oriental es la estación de esquí, un proyecto que lidera una entidad privada detrás del cual está el proyecto B. La consabida urbanización. Hasta tal punto se han derramado ríos de tinta que San Glorio ya se identifica en el imaginario colectivo como estación de esquí.
El proyecto de ecoturismo con el que las cuatro oenegés quieren convencer a los alcaldes de que hay alternativa al esquí es más rico y sensato que el allanamiento de la montaña para crear pistas, remontes y chalets. Y no se trata de salvar exclusivamente rebecos, corzos, jabalíes, cabras montés, osos y lobos, sino de dinamizar las poblaciones con un turismo cada vez más en auge y no meramente estacional, como el esquí. La falacia del hombre o el oso fenece con un poco de imaginación, esfuerzo y puesta al día.
Esta falacia no es otra que la de la especulación pura y dura, que para nada ha tenido ni tiene en cuenta a la humanidad en el enriquecimiento de unos pocos a costa de la mayoría.
Tienen razón las asociaciones ecologistas al apelar a la voluntad política. Todas las alternativas (centro temático, humedal, spa, centro hidrotermal, rutas de senderismo, nocturnas, juegos) tienen como materia prima la naturaleza. Lo que no se entiende es que se lleve años construyendo el castillo en el airte de San Glorio y a nadie se le haya ocurrido que salir de la queja y empezar a actuar. A construir conservando y no depredando.