Diario de León
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El baile del ahorcado cristina fanjul

He leído que el cantautor Javier Krahe será juzgado por un delito contra los sentimientos religiosos. Al parecer, hace años grabó un video en el que explicaba como cocinar un Cristo. El caso recuerda -”salvando las distancias-” al proceso que los musulmanes quisieron abrir contra Michel Houellebeq por mofarse del islam. Y digo salvando las distancias porque los comentarios del autor de Plataforma estaban cargados de sentido común y el happening del cantante de No todo va a ser follar no pasaba de ser una provocación grotesca. A lo que voy es que no cuadra que en una democracia occidental haya un código penal que pueda condenar a alguien por hacer parodia de lo que sea. Igual me da que la víctima de la guasa sea la Virgen María, Zerolo, Mahoma o Mariquita Pérez, esa que quiere prohibir Blancanieves . La imposición de lo políticamente correcto comienza como una manera de proteger a las minorías y acaba con la creación de tribunales de la inquisición. En España, el problema es aún mayor porque hay demasiados idiotas esperando para representar a Torquemada. La blasfemia es un derecho, en ningún caso puede ser un delito y los cristianos ya deberían -”deberíamos-” haberlo interiorizado. Tanto, que la existencia de la cultura europea y, por lo tanto, de la Cruz no se entendería sin ella. El sacrilegio de Sade no es más que rebelión metafísica, el grito de quien clama contra un dios que le condena al olvido y el silencio. Lo mismo puede decirse de Rimbaud, de Baudelaire o de Byron, lo mismo de Espronceda, de Rubén Darío o de Lorca. La subversión es inherente al cristianismo, es el ángel caído, y cuando copiamos la intolerancia de la Umma estamos acabando no sólo con la civilización occidental, sino con la esencia misma de la Cruz. Así que, por favor, escandalícense, si quieren, con la blasfemia, pero no la prohíban.

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