Diario de León
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Mar de fondo | carmen tapia

Dicen los libreros que las textos de salud, medicina y autoayuda son los más solicitados en sus establecimientos. Representan, calculan, casi la mitad de la temática que se vende en las librerías. Estas estadísticas deberían hacer reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos, la que hemos diseñado, con una ciudadanía que necesita apoyos y ayudas que no encuentra en sus relaciones personales ni en los cauces sociales ni sanitarios establecidos. Y son un filón para los especialistas que han sabido captar las carencias personales más notables. En Internet hay doce millones de entradas diferentes sobre libros de salud, con las temáticas más variadas, pero no todos son de fiar, como en la vida. La crisis tiene muchas facetas. Las hay personales, económicas, de salud, de amistad, de valores, de pensamiento, de ideología... un filón para los que ofrecen consejos para andar por casa y una oportunidad para los que publican trabajos rigurosos. Pero el camino de la superación es doloroso y lento porque las creencias están arraigadas en la médula, a fuerza de tragar las píldoras lapidarias y los miedos transmitidos y no superados de generación en generación. Me gustan los libros biográficos. Me acerco a la historia a través de la naturaleza de sus protagonistas y he aprendido a relativizar los éxitos de los personajes históricos más deslumbrantes. La mayoría escondieron una vivencia personal desgraciada. Hace unos años le hice una entrevista al psicoanalista y precursor de los cuidados paliativos Rubén Bild. «Cuanto más le ofrezcan y más rápido se lo ofrezcan, huya», me aconsejó, y ese pensamiento me acompaña cada día. Ahora estamos en crisis, pero la realidad es que vivimos un proceso de ajuste, de acoplamiento y de aterrizaje a la realidad después de haber creído rozar las estrellas. «Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas», canta Serrat en mi tocadiscos.

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