Rayas en el agua
De siete en siete | rafael monje
Incomprensible, pero cierto. Vivimos en medio de una retahíla de incoherencias y falsedades de difícil catalogación. ¿Qué nos impide salir de ese absurdo? ¿Qué nos atenaza para silenciar la estupidez? ¿O es que la mitad de la población piensa que la otra mitad es tonta y viceversa? Pongamos, por tanto, las cartas boca arriba y, de paso, un poco de cordura en esta deriva inconcebible. Seamos conscientes de una vez de que todo puede ser un sinsentido si no ponemos freno a tanta engañifa, de que ya no sirve parecer una cosa y ser otra distinta. Demos la cara aunque nos expongamos a más de una torta, porque el tiempo no sólo pasa, sino que también acaba descubriendo nuestro auténtico rostro. Veamos algunos ejemplos. Hay quienes se agarran ahora a la pancarta tras participar en floridos juegos de salón y pisar gruesas alfombras. Hay negociaciones que propician al final más sillones y nóminas que los contabilizados al inicio del proceso y hay quienes, como en el chiste, no buscan un trabajo, sino una colocación vitalicia. Hay listos que saben el nombre de los ganadores de un premio mucho antes de que se haga público el fallo y hay quienes dan lecciones de honradez y de honorabilidad sin conocer siquiera el significado de esas dos bellas palabras.
Hay quienes pontifican desde variopintas atalayas y se atreven a opinar por igual del ave perdicera como de los enstresijos de los mercados financieros internacionales. Hay quienes dicen defender a los trabajadores sin haber dado un palo al agua. Y hay quienes creen que rectificar es de sabios cuando lo sabio es no equivocarse. Hay quienes gobiernan desde el desconcierto y la improvisación, y hay quienes se empeñan en ir por el camino corto como si el largo les infundiera un miedo atroz e insondable. Hay también quienes predican sin dar ejemplo y quienes se rasgan las vestiduras si, por razones de protocolo, están en segunda fila y se pierden la foto. Hay quienes en la intimidad no valoran nada la familia, pero en público, y como diría la Esteban, por ella «maaaatan». Hay demasiada hipocresía, excesivo abuso de la primera persona del singular y abundante y cargante vanidad. Por todo ello, necesitamos crear empleo, no destruirlo, pero también hay que tener más ganas de trabajar. Necesitamos organizaciones fuertes y líderes que se lo crean, no personas aferradas a un cargo sin ilusiones ni proyectos. Necesitamos denunciar la estupidez, no callarla. Necesitamos emprendedores valientes, no clientes casposos de la subvención y del cuento. Necesitamos, en definitiva, gente motivada y cualificada, gente que salga de ese armario vetusto donde anida la mentira y se guarda lo absurdo. Necesitamos si hace falta poner la otra mejilla, reiventarnos cada día y dejar de hacer rayas en el agua.