Diario de León
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Tribuna | JESÚS LÓPEZ MEDEL

Académico

Estoy escribiendo todavía en plena efervescencia de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, a cuyo tema he dedicado tres estudios. El primero de ellos, la obra El Estatuto de Cataluña como instrumento jurídico. Una Meditación sobre España . Es un trabajo de investigación y de hermenéutica jurídica, tan pronto como se desveló la «penetración» del poder ejecutivo, en la persona de su Presidente, en la noche larga y triste de la Moncloa, con Artur Mas, con la promesa de llevar al Parlamento unas modificaciones -”importantes-” al proyecto inicial del Estatuto. (Acaso con una orientación técnica del experto Caamaño). Así serían aprobadas por el Congreso de los Diputados. Allí estaba la «bomba de relojería retardada», que había sido posible a partir del 14-M-04, en donde, para nosotros, empezó la segunda transición. Se cumplía así una buena parte de la hoja de ruta, que desde la Constitución de 1978, solapadamente, se había previsto por fuerzas internacional -”socialistas y aun masónicas-”, para la vuelta de la III República. Aunque interviniesen -”en aquella hoja de rut»-” personas de diferente ideología, y aun cristiana, o de determinados estamentos o de instituciones «estratégicas».

La óptica de mi reflexión -”más filosófico-jurídica, que política, en 2006-” era un diagnóstico y un pronóstico. Especificaba expresamente mi razón de sentir aragonesa. Por conocer la historia incluso humana y también familiar de Aragón con Cataluña. Pese al intento de asesinato de Fernando el Católico a las puertas de la catedral de Barcelona, o a la circunstancia de que la esposa de Jordi Pujol -”miembro de la Milicia Universitaria de los Castillejos-” estuviese casado con una Ferrusola, cuya madre había sido modista y costurera en mi pueblo de Daroca (Zaragoza).

La consecuencia es que yo veía que el Estatuto no era -”más-” bueno para los catalanes y para el pueblo catalán. Y de lo que hemos sabido. En contradicción de perspectivas. Lo que Vidal Cuadras, por poner un ejemplo, ha llamado «voladura de la transición». Todo ello frente a la tesis de Rajoy, que como buen Registrador de la Propiedad, podía haber esperado a dar una oposición tan abierta. (Sabe bien que ante una calificación registrada que ha de darse para una inscripción compleja, hubiera debido «sentarse», e invitar a «tocar el futuro... y volver al consenso de la Transición»). Es música celestial. Cuando voces independentistas y victimistas sueñan, o amenazan. No ya con las selecciones nacionales catalanas en el deporte, sino tratando de reforma la Constitución desde el texto estatutario. Contra lo que ya previno el Consejo de Estado.

Ortega y Gasset, ante una sentencia del TC, contradictoria e interpretativa, no diría que cuando reina la confusión y falta la claridad en el fondo anida una injusticia. En los debates con Azaña y ante el posibilismo de éste, Ortega le previno que «frente al sentimiento de los catalanes por una cierta identidad, estaba el sentimiento del resto de los españoles de que Cataluña es España». De aquí que no había otra solución que «conllevarnos». Azaña no quedó convencido. Y cuando un año más tarde quiso ir a Barcelona, los anarcosindicalistas independentistas le obligaron a regresar a Madrid. (Al poco tiempo vendría el brote revolucionario de Asturias, que ayudaría a tomar posición en la Guerra Civil, no poniendo a disposición del Ejército de la República sus armas y sus soldados (una causa de su derrota).

Me consta de la tristeza de los cuatro magistrados que con sus votos particulares -”en línea con los que comentamos en la obra España en la encrucijada , 2008-” nos ayudarán mucho para clarificar el futuro. (Con independencia de las vicisitudes o circunstancias en los magistrados Jiménez -”sevillano-”, y de Manuel Aragón, que se sumaron a las tesis de la presidenta Casas. Esta es laboralista, de la que no olvido la promesa de una sentencia «con coraje» (entrevista publicada en El Mundo », varios años antes), hija de un colega y amigo registrador de la propiedad. La sentencia va contra el principio de seguridad jurídica.

Y los retortijones políticos llegarán al propio Partido Socialista, que ya pudo perder la E de español, a partir del 14-M-04. Sin duda, estamos ante una crisis institucional. Y ante una tercera transición, que sabemos como empieza -”la sentencia de Casas-” pero nos tememos hasta dónde puede llegar. Salvo aplicación de los artículos 8, 56 y 155 de la propia Constitución, que en definitiva se erosiona. De otro lado, en el Estatuto hay preceptos que a pueden afectar a la Unión Europea: unidad de mercado, libertad de empresa, la integración sometida a ella. Los prolegómenos de mi comentario, ahora, están referidos en el trabajo Reflexiones sociopolíticas sobre el Tribunal Constitucional: su operatividad y fronteras , en la obra colectiva publicada por la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Cuestiones actuales de la jurisdicción en España , 2010.

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